Noticias musicales cubanas . (rss)

El son, la trova, la rumba, la balada, los danzoneros...Cuba va

Re: Noticias musicales cubanas .

Notapor Roberto García. » Sab 27 Abr, 2013 2:41 pm

Producido por las empresas Miami Vice Promotions
y Miami Chilling, el esperado espectáculo
se realizará el próximo sábado 11 de mayo
El Miami-Dade County Fair Expo Center, ubicado
en la 10901 SW 24th Street, Miami, FL,
vibrará con estas tres luminarias del género urbano: Daddy Yankee, J Alvarez y Osmani García

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También llegará de Cuba Dayami, “La Musa”, otra figura importante del género que acompañará a Osmani en su actuación
El público podrá disfrutar de principio a fin en un majestuoso escenario que los organizadores preparan sin olvidar el más mínimo detalle:
Las boletas se venden en Wantickets.com
Para información: 305.424.1346
Después de un año que visitó Estados Unidos por prima vez, hoy llega a Miami procedente de La Habana
Miami, FL | 04.26.2013 |
F & F Media Corp. La estrella de la música cubana Osmani García se unirá por primera vez en un mismo escenario con los ídolos del género urbano Daddy Yankee y J Álvarez para ofrecer “El Concierto del Siglo”.
Producido por la empresa Miami Vice Promotions y Miami Chilling, el esperado espectáculo se realizará el próximo sábado 11 de mayo, en el Miami-Dade County Fair Expo Center, ubicado en la 10901 SW 24th Street, Miami, FL.
Sin duda, será “El Concierto del Siglo” con tres estrellas del género urbano cubano y puertorriqueño que el público podrá disfrutar de principio a fin en un majestuoso escenario que los organizadores preparan sin olvidar el más mínimo detalle.
Las boletas se venden en Wantickets.com. Para información: 305.424.1346.
Osmani, creador de La Fábrica de Éxitos, viene de un año 2012 cargado de logros importantes en el que compartió temas con populares músicos latinoamericanos como “La Puterí” que lo unió con Farruko; “Emperifollarse” que combinó con J Álvarez, bajo el sello discográfico Around the Music; así como “El Españoliti”, que grabó con Henry Santos, excantante del grupo dominicano Aventura. En esta gira Osmani actuará junto a Dayami, “La Musa”, una joven con gran popularidad en Cuba y muchos seguidores entre los conocedores del género.
Actualmente se encuentra produciendo su nuevo disco “Los Autores del Sonido”, con el cual emprenderá una gira que lo llevará a Europa, América Latina y Estados Unidos en el mes de mayo. Además, para el verano estará nuevamente por Europa y para el segundo semestre del año se presentará en México, Ecuador y Argentina.

Para más información:
http://www.lafabricadeexitos.com
Adolfo Fernández
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Re: Noticias musicales cubanas .

Notapor Roberto García. » Vie 19 Jul, 2013 3:10 am

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Diálogo con la guitarrista Galy Martín García



Ángela Oramas Camero

Entre las más jóvenes promesas de las guitarristas cubanas se encuentra Galy Martín García, graduada de música en la especialidad de guitarra en el Instituto Superior de Arte (ISA).

En la actualidad se desempeña como profesora del mencionado instrumento e integra la Orquesta de Guitarras Sonantas Habaneras, y es la directora del Cuarteto Guitarras de La Habana. Además desde el 2010 dirige el espacio cultural En Confluencia junto con el maestro Eduardo Martín en la Casa del Alba Cultural de La Habana.

Ha integrado comités organizadores de importantes eventos de la Asociación de Músicos de la UNEAC como Encuentro de guitarra Identidades, Conciertos Habaneros, Festival Internacional de Música Contemporánea y Encuentro del Colegio de Compositores Latinoamericanos de música de arte.

En entrevista en exclusiva para Cubarte, Galy accede abrir su trayectoria artística, no obstante la modestia y candidez que la tipifican. Nació en La Habana en 1982, hija del prestigioso guitarrista y profesor Eduardo Martín y de la Dra. en Ciencias Históricas Mercedes García, autora de importantes obras de literatura histórica.

¿A partir de qué año inicias las actuaciones en público?

Fue en el 2004 cuando al entrar al Centro Nacional de Música de Concierto y formar parte en 2005 de la Orquesta de Guitarras Sonantas Habaneras, comencé la labor artística de manera intensa, con algunas actuaciones como solista, además de integrar agrupaciones de cámara en importantes salas de concierto y teatros de todo el país, durante giras nacionales con la aludida Orquesta creada y dirigida por el maestro Jesús Ortega, sin olvidar las presentaciones en festivales y espacios culturales de la radio y la televisión cubanas.

Con Sonantas Habaneras tuve la oportunidad de participar en el IV Festival de música de cámara Leo Brouwer 2012, con el estreno en Cuba del Concierto de Tricastin para dos guitarras solistas y orquesta de guitarras, así como en el estreno mundial de la Sonata quasi una Fantasía para orquesta de guitarras de Leo Brouwer, dirigido por este prestigioso Maestro de la guitarra.

Además, como solista he actuado en la referida Orquesta, y también he sido acompañada por la orquesta de cámara Música Eterna bajo la dirección del Maestro Guido López-Gavilán.

Su presencia es frecuente en diversos eventos de la música y de manera resumida nos cuenta:

Entre los más significativos eventos que he tenido la dicha de participar se encuentran el Festival Septiembre barroco 2011 y 2012, la Gala Inaugural y Concierto Homenaje a Leo Brouwer en la Feria Internacional CUBADISCO 2012, la presentación en el concierto inaugural del Encuentro del Colegio de Compositores Latinoamericanos de Música de Arte 2010, la Feria Internacional CUBADISCO 2009, los encuentros I, II y III de Orquestas de Guitarras en Las Tunas 2007, 2009 y 2011, el Festival La Joven Guitarra en Camagüey, 2006, X Festival Nacional de música de cámara, 2012 y 2013, así como el Festival Internacional de Guitarra Saiten Sprunge, Bad Aibling, Alemania 2012.

Al indagar por sueños profesionales, comentó:

Un guitarrista que ame profundamente esta profesión nunca puede dejar de estudiar y considerarse que llegó a la meta. Es un instrumento musical que requiere de muchas horas de práctica diaria y por eso continúo soñando con la conquista de un lugar cimero en aras de ofrecerle al público mayor calidad interpretativa. No hay otra alternativa que continuar estudiando con tenacidad.

Tras graduarme en el 2001 en la Escuela Nacional de Música, continúe el perfeccionamiento en los estudios de postgrado: Metodología de la investigación musicológica (en el ISA, con el Dr. Lino Neira) y La guitarra acompañante en la música cubana (también realizado en el ISA, impartido por los maestros Eduardo Martín y José A. Pérez Miranda).

Posteriormente, recibí cursos de perfeccionamiento sobre la interpretación de la música cubana y latinoamericana con mi padre, Eduardo Martín, así como clases ofrecidas por los maestros Clara Nicola, Jorge Luís Zamora, Walfrido Domínguez, Jesús Ortega, Ignacio López, Francisco Gamallo, Víctor Pellegrini, Alfredo Escande y Raymond Lohengrin. Asimismo, recibí clases de Música de Cámara de los maestros Héctor Angulo, Eduardo Garrido, Rosa Matos y Edmundo Vásquez.

Entre los proyectos llevados a la realidad ¿cuál fue el primero creado y en que año?

En 2002 fundé el Dúo Con-trastes, que en el 2003 formó parte del cuarteto de guitarras Estación para cuatro, con debut en Casa de las Américas, dirigido por la maestra Rosa Matos. En ese mismo año interpreté en vivo música incidental para la obra de teatro La Mandrágora, de Armando Suárez del Villar. Además, pasé a integrar la cátedra de guitarra de la Escuela Nacional de Música.

Poco después, dirigí el espacio Estación Central en el Instituto Superior de Arte, actividad mensual que incluye charlas, recitales, clases magistrales, así como presentaciones de materiales audiovisuales acerca del movimiento guitarrístico dentro y fuera de Cuba.

En 2006 fundé el dúo de guitarras Raíces, con actuaciones en muchos de los más importantes teatros y salas de concierto de Cuba, a lo cual se suman las participaciones en varios eventos nacionales e internacionales, celebrados entre 2007 y 2009. En el último año mencionado, fundé también el dúo Akros.

Y, como sabes, desde el 2005 integro un dúo junto con mi padre, y formo parte del proyecto Eduardo Martín Ensamble, al que debo la oportunidad de participar en importantes escenarios de Cuba y Alemania, incluidas actuaciones en programas televisivos de ambos países.

Según mi opinión, hay una creación artística, Cuarteto de Guitarras de La Habana, que marca un hito ascendente en el intenso quehacer musical de la joven guitarrista. Sobre esta propuesta confiesa:

Cuarteto de Guitarras de La Habana lo fundé y dirijo desde 2011 y le confieso que puse en esta propuesta mucho empeño y sobre todo amor. Por todo ello, constituye una obligada responsabilidad, pues mi máxima aspiración es poder ofrecer momentos agradables de música con la intención de que Cuarteto perdure en la memoria del público. Además de mi persona, lo integran las guitarristas Mabel González, Susana Frade y Gretel Romero.

La agrupación ha efectuado estrenos mundiales en Cuba con obras de diversos compositores contemporáneos como Ariannys Mariño, Eduardo Martín, Alonso Torres, Manuel de Elías, Eduardo Garrido, Walfrido Domínguez, Ada Gentile, Edmundo Vásquez y Leo Brouwer.

Sus presentaciones más destacadas son los conciertos siguientes: homenaje al compositor chileno Edmundo Vázquez; por el cincuenta aniversario de la publicación de la novela, El Siglo de las luces, de Alejo Carpentier, así como los ofrecidos en la Feria Internacional Cubadisco 2012, la Gala la mujer en la guitarra, y en la entrega del premio Gitana Tropical a personalidades de la cultura cubana y por el XXV Festival de La Habana 2012.

Una última pregunta ¿atesoras grabaciones?

Sí, en el 2011, grabé: Jesús Ortega y la guitarra. Paisaje cubano con Sonantas (álbum doble), Orquesta de guitarras Sonantas Habaneras, con el sello Colibrí. También del 2011 es la grabación de la banda sonora del largometraje La voz dormida dirigido por el cineasta español Benito Zambrano, bajo la dirección musical de Juan Leyva y Magda Galbán. Mientras que en 2005, grabé para el documental Rostros de La Isla, imágenes en el tiempo: Jesús Ortega y Sonantas Habaneras, bajo la dirección de Sergio Núñez, y entre 2012 y 2013 participé en la grabación del CD Divertimentos Tropicales de Eduardo Martín, que lleva el sello Colibrí.

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Notapor Roberto García. » Vie 19 Jul, 2013 3:25 am

Programa



Marvin Camacho / Concierto No. 1 “Iniciático” para piano y orquesta (Estreno en Cuba)

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Solista: Leonardo Gell (Pianista)

Declamador: Roberto Valera

Director: Mtro. Enrique Pérez

Concierto No. 1 “Iniciático” para piano y orquesta
El concierto está escrito a la usanza tradicional, en tres movimientos. La armonía predominante es cuartal con el empleo de cromatismos constantes y una utilización muy marcada de la polirritmia a lo largo de toda la obra. Asimismo, aparecen recursos de las llamadas técnicas extendidas, tanto en el piano como en la orquesta, para lograr determinadas texturas tímbricas.
La obra está llena de simbolismos que comulgan de alguna manera con los rituales de “Iniciación” en nuestro diario caminar. Es por lo anterior que incorpora al tercer movimiento el tercer fragmento del capítulo número siete de la obra épica “Omeros”, del Premio Nobel de Literatura Derek Walcott; quien estuvo presente durante el estreno de la obra, efectuado el 27 de agosto de 2012, en el Teatro Nacional de Costa Rica.
El Concierto No. 1 “Iniciático” fue concluido en Madrid y está dedicado al pianista cubano Leonardo Gell, a quien el compositor considera su hermano de la vida y un gran protagonista del quehacer contemporáneo internacional.
El pasado mes de mayo, Marvin Camacho recibió el Premio Nacional en Composición Aquileo Echeverría 2012 por esta obra, siendo el reconocimiento de mayor relevancia que otorga anualmente el Ministerio de Cultura y Juventud de Costa Rica.


LEONARDO GELL, PIANISTA.
Solista del Centro Nacional de Música de Concierto y artista del catálogo del sello Colibrí, ha sido ganador de más de quince premios de interpretación, entre los que destacan el Gran Premio y el Premio en la categoría Solista Concertante de la Feria Cubadisco 2008, Premio de Oro del Festival Primavera de Abril (Corea, 2009), Primer Premio del Concurso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (2008), Tercer Premio del Concurso Ciutat de Vinarós (España, 2008) y Tercer Premio del Concurso María Clara Cullell (Costa Rica, 2002).
Desde su debut como solista a los 19 años junto a la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba, ha sido invitado por las principales orquestas del país, la Orquestra de Cambra de Vila-seca (España), la Orquesta Sinfónica de Heredia (Costa Rica) y la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Costa Rica. Su ascendente carrera artística le ha permitido ofrecer centenares de conciertos en festivales y escenarios de Cuba, Costa Rica, Argentina, España, Suiza y Corea, algunos de estos países visitados en repetidas ocasiones.
En 2007 fundó el Trío Concertante (junto a la clarinetista Dianelys Castillo y el violinista Fernando Muñoz), que bajo su dirección se ubicó entre los mejores conjuntos cubanos. Motivados por su trabajo, compositores de varios países conformaron un catálogo de más de treinta obras originales, entre ellas el primer triple concierto para este formato instrumental: De profundis, de Marvin Camacho.
Gell ha colaborado con reconocidos músicos como Evelio Tieles, Leo Brouwer, Antón García Abril, Marvin Camacho, Juan Piñera, Enrique Pérez Mesa, Iván del Prado, Tania León, Eddie Mora, Guido López-Gavilán, Roberto Valera, Alfredo Diez Nieto, Ivette Cepeda, Fernando Marina y Milagros de los Ángeles, entre otros.
Fiel intérprete de la música actual, su repertorio incluye más de treinta y cinco estrenos absolutos, muchos de ellos dedicados especialmente a él.
La discografía de Gell incluye una docena de títulos monográficos y colectivos, en su gran mayoría con obras en premier discográfica: DVD Mozart en La Habana, 2 CDs Capricho cubano, CD-DVD Piñera-Concertante, CD Rituales y Leyendas, CD-DVD Caribe nostrum, CD Desde las entrañas de mi tierra, 2 CDs Salmos cotidianos y la colección Memoria musical costarricense (3 CDs). También ha grabado las bandas sonoras de las películas cubanas El premio flaco y Chamaco (Dir.: Juan Carlos Cremata), y los documentales Contar la música, Juan Piñera-Trío Concertante, Tres mitos para una noche y Salmos cotidianos.
Nacido en La Habana, en 1986, obtuvo con Título de Oro su Licenciatura en Música con énfasis en Piano en la Universidad de las Artes (2010). Sus principales profesores han sido Faina Braginskaya, Hortensia Upmann, Teresita Junco y Ulises Hernández.
Su agenda de conciertos para 2013 incluye presentaciones en Cuba, Costa Rica, Argentina y México.

ENRIQUE PÉREZ MESA / Director
Graduado en la especialidad de violín en la Escuela Nacional de Artes con los profesores Inna Kuztnezova y Billy Mokatzian y de Dirección Orquestal en 1993 en el Instituto Superior de Arte, bajo la guía del maestro Guido López-Gavilán.
Ha colaborado con prestigiosos artistas, como Alexandra Ferri, Francesco Manara, José Manuel Carreño, Frank Fernández, Roger Woodward, Konstantin Cherbakov, Alexander Braginski, Joaquín Clerch, Cuarteto Los Romeros, Ichiro Susuki, Víctor Pellegrini, Eric Grossman, Toribio Santos, Ney Rosauro, Jorge Luís Prats, Víctor Rodríguez, entre otros, además de presentarse en importantes salas de conciertos, y teatros de América y Europa.
Ha participado en importantes festivales como el de Morelia, el Festival de Otoño ¨Eduardo Mata¨, en México y el Festival Internacional de Ballet de La Habana, el Internacional de Guitarra de La Habana, el Internacional de Piano Ignacio Cervantes y el Festival de Orquestas Sinfónicas del Mundo, en Rusia.
En su discografía encontramos Salmo de Las Américas, nominado a los premios Granmy, en la categoría de música clásica; Conciertos para piano de compositores españoles, Canciones del buen amor, Expedición, Integral de los Cinco Conciertos para piano y orquesta de Heitor Villa-Lobos, Gran premio Cubadisco 2007, con el pianista cubano Frank Fernández grabó el DVD ¨Con el alma en las manos¨, nominado al Cubadisco 2008, así como la grabación del primer Ballet ¨Dionae¨ del compositor cubano Eduardo Sánchez de Fuentes. Ha grabado música para filmes cubanos y españoles, además de trabajar con importantes artistas de la música popular cubana e internacional, como Pablo Milanés, Chucho Valdés, Silvio Rodríguez, Omara Portuondo, César Portillo de la Luz, Orquesta Aragón, Iván Linz, Cecilia Tood, Danny Rivera, entre otros.
Su integridad musical y expresividad le permiten ser invitado a dirigir conciertos en Austria, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, España, Francia, Italia, México, Venezuela, Rusia entre otros. Participó en el 1er. Congreso de Personalidades de la Música celebrado en Jerusalén, donde recibe la distinción Peregrino del Milenio, otorgada por el alcalde de esa ciudad. En el 2007 le fue entregado El Escudo de la ciudad de Sabaudia - Italia y nombrado Director Huésped de Honor. Posee el Sello de Laureado y la Distinción por la Cultura Nacional de Cuba.



Ha ofrecido clases magistrales y regularmente imparte cursos de Dirección Orquestal en La Habana, Colombia, México, Ecuador y en Valencia-España; además de ser jurado internacional en importantes concursos y de colaborar intensamente con el movimiento sinfónico en Cuba. Actualmente es Director Titular de la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba y de la Orquesta de Cámara Nuestro Tiempo.



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Re: Noticias musicales cubanas .

Notapor Roberto García. » Vie 16 Ago, 2013 6:56 pm

Yolanda de Pablo Milanés:
“Cuando te vi sabía que era cierto Este temor de hallarme descubierto Tú me desnudas con siete razones Me abres el pecho siempre que me colmas De amores De amores Eternamente de amores”.
En mi país la vida privada de las celebridades es un misterio, la vida del presidente y de sus hijos no se narra en los medios.
Muy pocas personas conocen con quién o quiénes han estado casados los artistas, no se editan revistas del corazón y no existe la figura de una primera dama.
Para algunos es una suerte; para otros, un interrogante.
Yolanda Benet, inspiración y musa de la canción Yolanda, compuesta por Pablo Milanés, no desea transportar sus experiencias personales a los medios. Ha sido un verdadero milagro entrevistarla, fotografiarla, seguirla por las calles de Miramar.
Cubana, dulce, carismática, aguda y, sobre todo, cienfueguera hasta la médula. Yolanda viene de una ciudad a la que llaman La Perla del Sur, villa fundada por los franceses. Las mujeres que allí nacen son graciosas, refinadas, nadadoras y con una noción abierta y visionaria del mundo, porque el puerto, la costa verde azul, lleva y trae la certeza de que el horizonte es transitable y todo depende de tus ideas para atravesar la transparencia del agua.
En esta ciudad la arquitectura recuerda el trazado urbanístico europeo, pero la Orquesta Aragón y sus violines, sus atardeceres fascinantes, la mezcla de esos franceses con negros y españoles hacen el divino tránsito histórico criollo que hoy somos las cienfuegueras. Barcos camaroneros bajo la Luna cienfueguera, el empecinado afán de resistencia y de limpieza en sus habitantes, todo eso hace únicos a quienes allí tienen la suerte de nacer.
Yolanda vino con sus padres a La Habana siendo una adolescente. Extrañaba su mundo, sus amigos de allí. Poco a poco se fue acostumbrando a la capital y se hizo una profesional en el mundo de la imagen. Trabajó durante 25 años en Cuba como productora y asistente de dirección de cine y televisión.
Muchas películas cubanas de los sesenta y setenta salieron de sus manos. Entre ellas, Soy Cuba, rodada en blanco y negro. Muchas de esas películas tienen la banda sonora de Pablo Milanés, en ese entonces no tan conocido como hoy. Yolanda decidió retirarse porque era el momento de ayudar a sus hijas, que pasaban tiempo viviendo entre La Habana y Madrid.

“Romántica, sin reparar en formas tales”.

Yolanda es una mujer luminosa, con grandes ojos color miel y largas pestañas. No tiene edad, la ha perdido en el camino. Su cuerpo es el de una adolescente, delgada pero con curvas, sus manos pequeñas con dedos que hablan formulando imágenes que salen de su memoria. El pelo cae ligero como llovizna sobre el cuello. Cuando caminamos por la calle todos la miran, y eso que aquí nadie puede reconocer que ella es Yolanda.
Le tocaron los años duros, los tiempos de la censura y la diáspora, y sin posar, levitaba bajo la luz de lo cotidiano. Allí, firme en sus corazonadas, fue dibujada a mano, eternizada entre los años setenta y el mar.
¿Quiénes son sus testigos? Tres hijas, un apartamento en El Vedado, visitas, ceniceros, guitaras, ron, problemas y risas, los trovadores, los cineastas, la vida colectiva.
De esa vida nació una gran canción de amor, un himno, el testimonio de una época, cuyo original, según apunta Pablo, fue escrito en papel cartucho. En este caldo de cultivo nacimos nosotros, saga de esas canciones y de esas mujeres que nos recuerdan lo que somos, por si se nos olvida de momento.
Es imposible contar la historia de nuestros padres, separados o dispersos, unidos en la tierra o en la infinitud, sin cantar esta canción. Es imposible no tragar en seco frente a nuestras fotos de familia, intentar recomponer la idea de eternidad sin rumiar: “Quisiera fuera una declaración de amor”.
“Yo fui esa muchacha de la que él se enamoró y podía haber sido otra, no creo que tenga ningún mérito personal, el talento, por supuesto, es de él”.
Esto dice siempre Yolanda Benet al hablar de su canción y de su eterno e indestructible nexo con Pablo Milanés.
Yolanda y Pablo se casaron una tarde calurosa en La Habana Vieja en un bufete de la calle Tejadillo, con testigos prêt à porter, como lo hicieron muchos de su generación. Ellos no necesitaban acicalarse ni firmar “Diez papeles grises para amar”: necesitaban estar en paz y armonía con su familia, y así ha sido hasta el día de hoy.
Su matrimonio duró seis años, y su familia es la misma desde entonces. Ni el divorcio, ni los nuevos amores, “ni el tiempo el implacable…” borró este nexo indestructible que hay entre ellos.
Les tengo una mala noticia: Yolanda es mucho más que una musa, y ese detalle se le ha escapado a periodistas y fotógrafos. Entre otras cosas por la manipulación y los malentendidos: Yolanda no vive atrapada entre las cuerdas de una canción. Yolanda es mucho más y Pablo siempre lo supo. Es su eternidad el gran tesoro que lo ampara.
Yolanda Benet, nieta de franceses, se reinventa como su infinito país. Es una mujer que salta el mito y se impone. Según me ha contado, la primera canción que escuchó de Pablo era muy popular, Estás lejos, y la cantaba cuando formaba parte del cuarteto Los Bucaneros, a principios de los sesenta. Yolanda lo conoció en noviembre de 1968, cuando ella trabajaba en el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (Icaic), y escuchando Para vivir se percató de que este compositor, de solo 23 años, no se le parecía a nada de lo que sonaba aquí en aquella época, tenía algo diferente. Primero conoció su voz, luego apareció él.
Eran tiempos en los que era posible ver a los grandes trovadores en los parques, en los teatros o en las salas de las casas; no eran inaccesibles. La vida fluía de otra manera, más lírica y humana, diría yo.
Se encontraron gracias a un amigo que atesoraba una cinta con todas las canciones que él cantaba por aquellos días y ella no se cansaba de escucharlas. Se enamoró de la voz y de las canciones, pero a Pablo nunca lo había visto. Hasta que un buen día ese amigo lo llevó hasta la sala de su casa.?
“Cuando te vi sabía que era cierto
Este temor de hallarme descubierto
Tú me desnudas con siete razones
Me abres el pecho siempre que me colmas
De amores
De amores
Eternamente de amores”.
Yolanda recuerda este día como si fuera hoy. Fue el momento en que iniciaron la primera reunión de trabajo para producir la película La primera carga al machete. Casualmente, llevaron a Pablo a su casa, y como ya se había comentado la idea de que él podía hacer la música de este nuevo filme se pasaron la noche conversando. Ella confiesa que Pablo creía imposible ser parte del equipo de la película, porque él estaba pasando el servicio militar y no pensaba que se le permitiría integrarse a este otro mundo, el del cine.
Yolanda hizo algunas gestiones y así fue como él empezó a trabajar con ellos. Milanés compuso cuatro canciones que narraban la trama, argumento histórico basado en la guerra del 95. Al calor de esta producción intimaron y se conocieron más y más, trabajando juntos.
Entonces Pablo era un muchachito con uniforme, un recluta, un hombre común, pero a Yolanda le llegó hondo.
Cuando pregunto a Yolanda sobre la rebeldía de Pablo y su repercusión en aquel momento, ella contesta: “Sí, comprendo que él pasó una etapa muy mala, fue muy golpeado, él era y es muy rebelde. La vida le ha regalado cosas muy bonitas: sus hijos, su carrera. Tuvo momentos en que lo aplastaba el dolor, necesitaba esa tristeza para componer, eso lo motivaba. Es curioso, pero durante nuestro matrimonio tuve la satisfacción de que no hubo una sola canción de tristeza. Teníamos un mundo muy especial”.
En 1969 empezó el Grupo del Icaic, él se integró y comenzó a estudiar música. Hablamos de un cantautor que nunca había hecho un arreglo musical ni sabía escribir su propia música. Ahí se desarrolla y crece. Antes escribía los textos y la melodía, iba colocando sobre el texto las notas musicales. Todos ellos son una generación iluminada. Pablo ya conocía a Silvio Rodríguez desde 1967, los presentó Omara Portuondo, y tenían por costumbre que cada vez que uno hacía una canción se la mostraba al otro. Fue una suerte el hecho de que se encontraran en ese momento. Allí convergieron muchas inquietudes musicales y aprendieron en el proceso mismo, ayudándose. Era un laboratorio, allí Yolanda pasó varias de sus noches. Era parte de su cotidianidad.
Ella recuerda que el primer arreglo que hizo el grupo fue justamente de una canción de Pablo y que llegaron a los Estudios Egrem a ver cómo sonaba “aquello”, porque cada uno había escrito algo: uno la guitarra, otro la batería. Para ella fue un momento único y emocionante; luego, muchos directores los llamaban para documentales, noticieros y largometrajes.
Lo primero que hizo fue un largometraje de Rogelio París, La nueva escuela, y después, Quién (15 preguntas sobre un maestro), que tenía música de Pablo y de Silvio Rodríguez, y fue maravilloso. Después comenzaron sus conciertos. La música era novedosa, experimental, pero a la vez muy cubana. “Si cierro los ojos y pienso en aquel momento, entonces los recuerdo a todos juntos: Pablo, Silvio, Noel Nicola, Belinda Romeu, también Omara; se hacía un gran concierto y ellos participaban por la parte cubana. Fue aquella etapa en la que algunos cantantes latinoamericanos se integraron a ellos: Daniel Viglietti, Mercedes Sosa, Víctor Jara, Isabel Parra... ah, y también Peter Seeger”.
Poco a poco Pablo era más y más querido. Su presencia se hizo frecuente en un programa de televisión de la época llamado Te doy una canción.
En mi opinión “Silvio y Pablo”, “Pablo y Silvio” son una misma palabra, un concepto inseparable. Estamos en 1970, momento en que Pablo comienza a musicalizar la obra poética de José Martí. Con esas canciones la Casa de las Américas saca un disco memorable.
Yolanda cuenta que Pablo escribió muchísimas canciones durante su matrimonio. Un día le cantó “yo no te pido que me bajes una estrella azul…” y ella le dijo: “Qué linda esa canción de Silvio”, y él le contestó: “No, Yolanda, es mía y para ti”. Fue la primera de todas las grandes canciones que Pablo le compuso.
Yolanda es un cascabel, aguda y humilde, reservada y coherente, revoluciona todo a su paso. Pablo, melancólico, callado, con sus espejuelos de pasta cuadrados y su paso calmado, tranquilo. Cuando ella lo conoció le cantaba cosas muy tristes, arrastraba un poco de toda esa tristeza personal a sus grandes canciones: muchas de ellas trataban de rompimientos, de amores distanciados, y de repente surge Yo no te pido. Fue un salto a su alegría, una señal de que algo le había cambiado por dentro. Era una canción diferente a las que él estaba acostumbrado a componer. “Era un cambio de su energía. Su obra anterior tenía nostalgia, gorrión, yo vi en esa canción un cambio para bien”. Pablo siempre le decía que necesitaba estar triste para poder crear. Con 25 años él estaba instalado en su tristeza, derramándolo todo en su guitarra. Pero ese candor de Yolanda es el que cambia ciertos matices de su obra de ahí en adelante.
La canción Yolanda es luminosa, un canto a la eternidad, un desgarramiento. “¿Yolanda?, bueno, Yolanda es toda magia. Ella se me aparece, es un espíritu delicado, y me acompaña. No te puedes imaginar a qué lugares del mundo llega, los recónditos sitios en que yo he estado y me he encontrado con esa canción”.
Ella viaja lejos, contigo y conmigo, ella se parece a ti y tú a ella. Es lo que yo siento cuando estoy fuera y la escucho. Yo la escucho donde me encuentre y te veo a ti, Cuba-Yolanda. No la puedo separar de ti y de mi madre y de una generación que nos ha dado lo que somos.
Cuentan que a veces, cuando Yolanda está sola en un aeropuerto o en una calle de una ciudad desconocida y por casualidad escucha Yolanda, se estremece y calladita sigue de largo, sin identificarse.
Pablo la compuso cuando su primera hija tenía diez días de nacida. Él estaba enloquecido por tener un hijo y nace Lynn, la primera de las tres hijas que tienen en común.
“Cuando la niña tenía un poco más de una semana de nacida Pablo viaja para hacer un trabajo del Icaic. Fue terrible desprenderse de la casa; se fue al interior del país y cuando regresó nosotras estábamos en la casa de mi madre. La niña estaba majadera, lloraba, no se quería dormir; yo lo intentaba pero era una lucha. Llegó Noel Nicola y Pablo cogió la guitarra y me cantó No me pidas, Quiero poner la tierra a tus pies y Yolanda”.
En ese minuto ella no lo escuchó con atención, estaba atendiendo a la niña, no se percató de la cara de frustración que puso Pablo. Con calma, ya por la noche, muy tarde cuando todo el mundo se había dormido y estaban solos, mientras ella le daba el pecho a la niña, le pidió a Pablo que le cantara las nuevas canciones otra vez. Y por primera vez escuchó Yolanda.
Para una mujer recién parida, lactando, el hecho de que se apareciera Pablo con una canción como esa la paralizó. Pero sobre todo porque él supo unir muchos códigos y símbolos que tenían en común, y todo aquello lo trasmitió a través de una canción aparentemente tan sencilla.
Desentrañemos un poco este juego semiótico-amoroso. “Rezando el credo que me has enseñado”, lo que cita de “La ventana”. “Eso era, es, y será, algo nuestro… aquí quedó por siempre”.
Trabajaban en el Icaic, pero con horarios diferentes. Vivían en el mismo barrio del trabajo: El Vedado, en un piso 15. Existía una ventana, un espacio secreto y, a la vez, expuesto, que a lo lejos los comunicaba con nitidez. “Aquí la luz es maravillosa y nos podíamos ‘hablar’ a través de los movimientos que hacíamos de un lado a otro de la calle y formábamos frases de amor. Contábamos las horas. Él y yo teníamos un sentido casi exacto de nuestra vida cotidiana y cuando yo venía de regreso a casa ya él me estaba mirando, me seguía de cierta manera, con un ritual muy especial, entonces empezaba a hacer señales con la ventana. Eso nadie lo entiende, pero cuando lo escucho no deja de asombrarme el modo, la capacidad de síntesis que él encontró para decir todo aquello dentro de un verso”.
“Si alguna vez me siento derrotado
Renuncio a ver el sol cada mañana
Rezando el credo que me has enseñado
Miro tu cara y digo en la ventana
Yolanda
Yolanda”.
El imaginario popular cuenta disímiles versiones sobre los códigos de este memorable texto. El pueblo fantasea y dice que el verso “Tú me desnudas con siete razones” se refiere a los siete días de la semana. ¿Es así? “Yo podía confiarte más y más cosas, pero siempre le he huido a esto, no quiero que se pierda el misterio”.
Algo curioso es que ni él ni ella mencionaron la posibilidad de grabarla alguna vez, era íntimo, un secreto de ambos. La canción empezó a trascender en el Icaic, la estrenó Pastor Vega en un documental y Pablo empezó a cantarla en los conciertos. En los primeros años no tuvo esa repercusión que tiene hoy. Ha sido cantada en todas partes del mundo durante casi cuarenta años, por muchos cantantes, uniendo tantas voces, brasileñas, iberoamericanas y hasta intérpretes que la han adaptado a otras lenguas. Tiene más de cien versiones reconocidas, sin contar los bares, las calles, los metros donde todos la hemos escuchado. El memorable dueto con Silvio y las miles de voces en las plazas, las guitarras en el Malecón, y las personas tarareándola en las calles la señalan como canónica en la música popular contemporánea.
“Él me cuenta siempre que ha tratado de quitarla del repertorio, tiene cosas nuevas, canciones que bien pueden estar en su lugar, pero no ha podido nunca, porque la gente no lo deja”. Yolanda y Yolanda armonizan en un espacio tanto personal como universal, el tema pertenece al gusto estético que ella adoraba y que siempre admiró en Pablo. Antes y después de estar juntos ella soñaba con este tipo de obras que te saquean el alma y que a la vez te devuelven a la vida con optimismo. Lo curioso es que Pablo demoró en hacer esta canción entre 20 minutos y una hora, parece muy simple, pero en el arte las cosas aparentemente simples toman una dimensión insospechada.
“Se fue de todo pronóstico, no creo que él haya pensado que esa obra iba a trascender tanto y a mantener su vigencia a pesar de los años que tiene, a pesar de lo que hemos vivido los dos después. Porque sí hicimos nuestras vidas posteriores y hemos sido felices cada quien en su historia”.
Yolanda me comenta que “Pablo es el padre que siempre quise tener para mis hijas e incluso, si fuera más allá, para mí. Desde que lo vi por primera vez, en su acercamiento con los niños, su ternura, me gustó. No creo haberme equivocado”.
Tienen en común tres hermosas hijas: Lynn, Liam y Suylén, y siete nietos. Las tres estudiaron música. Lynn es flautista y además cantante profesional. “Una decoradora nata, transforma muy bien los espacios, en eso se parece mucho a mí”.
“Suylén canta cuando la vida la inspira”. Ahora mismo está en los estudios PM Records grabando su último disco, pero es tan intensa que puede llevar una empresa de música y producir un festival de la talla de Proposiciones.
Liam es graduada de Dirección Coral y ha preferido, por su timidez, la vida empresarial en el mundo de la música. “Pero canta de vez en cuando pues tiene una muy linda voz”. Y los nietos siempre juntos, porque fundaron una familia muy unida, contando también los otros hijos de Pablo.
Pablo y Yolanda han encontrado un hermoso equilibrio, el de estar juntos siempre que pueden para disfrutar de la familia que han creado, en las buenas y en las malas, sin perder un detalle ni descuidar el carácter y la personalidad de cada uno de los seres que aman. Pregunto cómo logró rehacer su vida más allá del mito, y me contesta: “Siendo eternamente yo”.
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Notapor Roberto García. » Dom 15 Sep, 2013 3:18 pm

REFLEXIONES Y VIVENCIAS
Tres grandes músicos con el mismo nombre
Por: Senén Suárez Hernández


16 de Octubre, 2008

(Cubarte).- Con el deceso de Rubén González Fontanills en el año 2003, se creó en la ciudad de México y otros países una gran confusión en el sector musical, puesto que se conocía ya a un cantante con ese nombre pero no a un pianista ni a un trompetista.

Por tal motivo mi colega y amigo el musicólogo Marcos Salazar me envió un correo pidiéndome que le aclarara tal situación y es así que la curiosa historia hace que me inspire a escribir sobre ello.

RUBÉN GONZÁLEZ NUÑEZ


En una ocasión acudí a Evelio Calderón quién me contó que el pianista del tenor Pedro Vargas llamado Alvarito después de terminar su contrato en Cuba con el famoso intérprete, decide integrarse en el conjunto Niágara y consigue un contrato en la ciudad de su país mexicano, por un período considerable. El grupo, contando con nueve músicos, lleva como cantante a Rubén González Nuñez y de bongosero a Evelio Calderón. Cuenta este músico que en el hermano país actúan en la radio, cabarets, realizan grabaciones y en otras actividades donde son conocidos grandemente en el D.F..
De González Núñez se puede decir que su canto resultaba agradable y con excelente calidad. Se enroló con otras agrupaciones antes de entrar en el conjunto Niágara., el cual yo conocí actuando en el cabaret Faraón situado en las calles Zanja y Belascoin en Centro Habana. Este intérprete grabó un gran número de obras como: “Que no se acabe el Bongó”, de Homero Jiménez, “Se muy bien que vendrás”, de Antonio Núñez, “Llegó Dieguito”, de Facundo Rivero, “Tumba mabó” de Alfredo Boloña, “No se que hacer”, de Humberto Bello, “Abasi Ayacuá” de Justo Quijano, y otras más.

De regreso a nuestro país Rubén González Nuñez, se marchó para Nueva York para cantar con la orquesta de Anselmo Sacasas, donde actuó en infinidad de actividades culturales y de otra índole como grabaciones de discos y trasmisiones radiales. De él nunca supe más.


RUBÉN GONZÁLEZ ÁLVAREZ



Nació en Matanzas el 7 de enero de 1912-18 de junio de 1986. Dedicó gran parte de su vida a uno de los instrumentos más populares y difíciles que conocemos, la trompeta.. Lo conocí por el año 1946-47, cuando me disponía a crear el conjunto Colonial, apoyado por el pianista Carlos Faxas y el cantante Nelo Sosa, después de una minuciosa búsqueda para agrupar un selecto grupo con la disposición de grabar para la disquera Panart, situada en San Miguel y Campanario, Centro Habana.
La tarea de buscar los trompetas le correspondió a Carlos Faxas, quién en esos momentos se encontraba dirigiendo musicalmente la orquesta Cosmopolita. Ël se presentó en los ensayos con Gonzáles Álvarez y Teodoro Zapata, dos trompetistas de primera línea, quienes interpretaron a la perfección todos los arreglos musicales, que sumaban más de 30 obras, del extenso abanico de nuestra música popular.
La mayoría de los músicos del mencionado conjunto procedían de distintas orquestas, es así que de tal hecho se deduce que el Colonial se creaba solamente para realizar grabaciones las cuales fueron del agrado del público amante a este modelo de agrupación y su género musical. Posteriormente yo me agrupé en distintos tríos ycuartetos para ingresar en el año 1948, en Tropicana con el conjunto de Ernesto Grenet, quedando Juan González Sosa (Nelo), al frente del Conjunto Colonial grabando y viajando con gran éxito.


RUBÉN GONZÁLEZ F


Nacido en Encrucijada Villa Clara, el 26 de mayo de 1919, en su adolescencia estudió piano con su hermana Josefa González, posteriormente terminó estos estudios en el conservatorio Santa Cecilia de la ciudad de Cienfuegos, es así que González Fontanills llega a la capìtal del país en 1940, capacitado en la pianística colosalmente. Ya situado en La Habana actúa en infinidad de agrupaciones en su mayoría de primera líneas. Conocí a Rubén González en el año 1948, cuando ingresé en el conjunto de Ernesto Grenet en Tropicana. Allí ya estaban los músicos: Orlando Vallejo, Laito Sureda, Alfonso Fleitas, entre otros. Pronto me di cuenta que el conjunto sonaba muy bien, con músicos muy calificados y fue precisamente con González Fontanills con quién establecí una amistad muy fraternal la cual terminó con su deceso.
El genial músico resultaba amistoso, todo lo hacía bien, las lecturas, los solos de piano, fue un gran compañero. Aunque él nunca quiso ser director, trabajó gran parte de su vida en el anonimato, levantando banderas para otras agrupaciones cubanas, su forma de ejecutar el piano, era impecable al igual que sus arreglos orquestales.
Hay que considerar que una mentalidad tan lúcida y musical tenía que subir al estrellato, cosa que consiguió por azar. Ya pasado los sesenta, su sabia musical, le permitió ejecutar el son a gusto y destreza de Arsenio Rodríguez, exigente al máximo, interpretó el Jazz con el noneto de Pucho Escalante en una agrupación que resultaban todos estrellas.
Compartió el cha cha cha con otro grande de la música cubana Enrique Jorrín Oleaga (1926-1984), viajando a muchos países. A la muerte de este último Rubén me visitaba en el Salón Rojo del Hotel Capri, los sábados, donde descargaba con nosotros.


¿Quién era Rubén González Fontanil


Afectuoso, le gustaba compartir con sus compañeros, religioso, algo supersticioso, no fumaba, ni bebía, ni comía carne roja, fiel a su patria, arreglista musical de gran quilate, le faltaba poco para graduarse de médico, se graduó de maestro. Su ambición máxima era viajar, cosa que consiguió en sus últimos años con el excelente grupo de Buena Vista Social Club en 1996, con 77 años de edad.
Ellos graban un CD, con tanto éxito que obtienen el añorado premio Granmy en 1998, como mejor albún de música tropical tradicional.
Ry Cooder que sentía gran admiración por la forma de tocar el piano de este músico lo anima a grabar dos CD, con solo de piano, el primero titulado “Introducing Rubén González” y el segundo titulado “Chanchullo” esta ultima grabación fue nominada para el premio Granmy, como. Mejor albún de música Tropical Tradicional “2002, de esta grabación tenemos algunas obras como: La lluvia con DR, Chanchullo de Israel López, Quizás, quizás, quizás de Osvaldo Farrés, El bodeguero de Richard Egüe, Como siento yo de Rubén González, La engañadora de Enrique Jorrín Oleaga, y otras más.
Estando más joven él había realizado algunos viajes sin éxitos, su deseo era que su nombre apareciera en lugares apreciables a sabiendas de su destreza. Fue uno de los mejores pianistas de la música cubana de todos los tiempos, según mi criterio.
En una ocasión me encontré con el gran maestro Valdez Arnau, director de la orquesta de Radio y Televisión, donde Rubén era pianista de plantilla, marchándose posteriormente con la orquesta recién creada de Enrique Jorrín.
Es así que me confesó el maestro Arnau: Lo extrañé enormemente, también Ry Cooder acotó “Rubén González es el mejor solista de piano que he escuchado, es como una mezcla de Thelonius Monk y el Gato Félix”.
Buena Vista Social Club resulta un sumario del Septeto Habanero, Septeto Nacional, Arcaño y sus Maravillas, Antonio Machín, Miguelito Valdés, Arsenio Rodríguez, el Benny Moré y otros tantos importantes músicos de nuestro país.
La idea del guitarrista norteamericano Ry Cooder fue muy brillante cuando seleccionó junto con Juan de Marcos González al los experimentados veteranos retirado de sus labores en la música cubana activa.
En una ocasión alguien me comentó que aquí cualquier grupo sonaba mejor que ellos, y recordé el cuento que le atribuyen a Cristóbal Colón, cuando en una reunión de regreso a España, un alto dirigente comentó que cualquiera tomaba un barco en línea recta y descubría las América. Entonces el navegante mandó a buscar un huevo de gallina y le dijo al detractor PÁRALO, y ante la imposibilidad del hecho, Colón lo escachó un poquito y lo paró.
Buena Vista, es un bum mundial de la música cubana, y eso nadie lo puede negar, los músicos que lo integraron en sus inicios, no fueron principiantes ni mucho menos, es decir traían una experiencia de muchos años en el género de nuestra cultura musical.
Hay que destacar el mérito de Juan Demarco González y al guitarrista y promotor Ry Cooder, y otros integrantes por sus ideas.
Ellos viajan el mundo entero y lo siguen recorriendo, algo fraccionados. Pero su música sigue siendo la misma ciento por ciento criolla y tan cubana como las palmas, el ron, y nuestro hospitalario país.
Retrotrayendo la historia, con la muerte del experimentado violinista, compositor y director Enrique Jorrín en 1984, Rubén queda deprimido y como un paliativo me visita en mi domicilio casi todas las semanas pues él y yo teníamos puntos de coincidencias sobre costumbres musicales y de otras índoles.
Contando con 77 años, el veterano pianista, ingresa por la puerta grande del grupo Buena Vista Social Club, escalando su merecida popularidad, la que ambicionó toda su vida. En casi todos los países visitados por la agrupación, el mítico pianista recibió aplausos delirantes.
Cuando se produce la premier del documental Buena Vista Social Club del cineasta alemán Win Wenders en el cine Chaplin en el Vedado, acudieron todos los integrantes del famoso grupo. Yo fui invitado y cuando Rubén llegó y acudí a saludarlo no me conoció, entonces me di cuenta que ya no estaba bien, que se encontraba fuera de sus cabales dolorosamente.
No fue mucha la sorpresa para mí cuando escuché por la radio el fallecimiento del famoso y amigo el 8 de diciembre del 2003, en la ciudad de La Habana.

QUE DESCANSEN EN PAZ EL TALENTO Y LA BONDAD.

Fuentes :

Manuel Villar Fernández, Director de programa. Musicógrafo y Miembro de Mérito del ICRT
Lic. Belinda de la Caridad Suárez Pesi ,
Roberto Garcia ,
José Galiño. Martínez, musicógrafo
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Re: Noticias musicales cubanas .

Notapor Robe » Jue 19 Sep, 2013 10:47 pm

Descemer Bueno: Millonario de corazones

ImagenDescemer Bueno ofrece concierto en teatro cienfueguero
19 septiembre, 2013 Cultura, Noticias Escrito por: Redacción RCM


El tema “Loco”, interpretado por Enrique Iglesias y Romeo Santos, se ha mantenido durante las últimas semanas en el puesto número uno desde su presentación. Además sigue entre los primeros tres lugares en muchas listas de éxitos de algunos países de Latinoamérica como Panamá, México, Estados Unidos y Puerto Rico. El cubano Descemer Bueno comparte la autoría de la canción con Enrique Iglesias. Sobre este logro en el mercado musical y otros asuntos conversamos con el cantautor para Suenacubano.com antes de partir a sus compromisos internacionales.

Descemer, ¿esperabas que el tema “Loco” tuviera tan rápido este resultado?

Que en solo una semana sea el tema mejor colocado y el más descargado por internet es verdaderamente un récord y para mí es una alegría. De las canciones que he escrito con Enrique Iglesias es la primera que tiene un resultado tan rápido.

¿Cómo llega el tema a Enrique Iglesias?

Este es el primero que compuse con él y para que Enrique lo cantara. “Loco”, verdaderamente, a Enrique Iglesias no le gustó nunca y yo llevaba como siete años intentando disfrazarlo pues sabía que esta canción iba a gustar tanto como “cuando me enamoro”, siempre le insistí hasta que lo hizo suyo.

¿Sabes cuándo una obra va a lograr éxito?

En mi caso tengo corazonadas que las peleo hasta el final, y con esta canción desde el inicio me parecía que se podía trabajar. Recuerdo que la persona que me presentó a Enrique Iglesias se llama Néstor Casonú, un gran amigo, quien en la primera oportunidad que escuchó la canción me dijo: “Esto me recuerda a los éxitos de Enrique en Fonovisa, es decir, los primeros temas que se popularizaron del español”. Y tal vez eso a él le molestaba un poco, y no fue hasta hace un año que se me ocurrió hacerle una versión en bachata. Se lo propuse de esa manera y creo que así lo comenzó a entender, hasta el punto que lo grabó y no solo él, sino que llamó a Romeo Santos —tengo que decir que Romeo aportó ideas brillantes e hizo el arreglo del tema—; realmente cuando he visto el resultado me impulsa más para seguir trabajando con estas estrellas de la música latina.

¿Una gira internacional espera a Descemer Bueno?

Sí, comienza en los Estados Unidos y a partir del día 2 de octubre estaré en México. Tengo planificado varios conciertos en España, Suiza, Buenos Aires. Muchos compromisos pactados.

¿Estarás entonces alejado de los medios cubanos?

Es cierto, estaré un poco alejado pero no mi música, y gracias a los medios cubanos es que empieza el disco Bueno a llegar a muchos lugares del mundo y nos están pidiendo en Perú, Colombia y sobre todo en México comienza a escucharse bastante en las discotecas.

Recientemente se ha estrenado en Cuba el tema “Bailando” con Gente de Zona. Y ya está colocándose bien en las listas de éxitos de las emisoras.

Con este tema, “Bailando”, tengo una corazonada especial, porque esta es una canción que empecé a componer con Enrique Iglesias, hay muchos fragmentos de esta canción que son del español y posiblemente por “Bailando” se pueda ver por primera vez a Enrique cantando con cubanos, y será con Descemer Bueno y Gente de Zona. Esta canción invita a un baile español y así se cierran las discos dondequiera que nos presentamos.

¿Cómo llevan las críticas positivas y las negativas a Descemer Bueno?

Las críticas son más constructivas de lo que uno piensa. Soy un ser humano abierto a todo lo que dicen sobre mi trabajo y mi persona. Asumo mis responsabilidades cuando verdaderamente cometo errores, lo positivo lo acepto y los comentarios perjudiciales me molestan, pero lo que no te mata te enseña a vivir. De todos aprendo.

¿Ya trabajas en el segundo disco?

Sí, y ya tiene nombre. Se llamará “Millonario de corazones”

¿Por qué ese título?

Las personas se imaginan cosas y hablan sobre mis ingresos, porque los temas que compongo lo cantan artistas internacionales y que algunos como este de Enrique Iglesias y Romeo Santos “Loco” está en el primer lugar. La gente saca cuentas y no sabe cómo funciona la industria musical. Lo único que puedo decir es que los compositores tenemos una manera un poco ortodoxa de tocar el dinero que se genera de las canciones, que lo vemos dos años después y que no es tanto como la gente piensa, porque en realidad el mercado del disco ha bajado muchísimo. Solo puedo decirte que miles de personas en Cuba y fuera de nuestro país conocen quien soy y me quieren de una manera sana. Solo soy un artista que trabaja a cualquier hora hasta el cansancio.

¿El tema “Bailando” con Gente de Zona tendrá videoclip?

El video se va a filmar los días 20 y 21 de septiembre, vengo solamente a ese rodaje, después continuaré mi gira por Europa. El director será Alejandro Pérez, ese maestro y hermano que nos hace lucir un mundo en la pantalla. Tengo mucha fe en ese tema, y tengo la certeza de que se convertirá en un crossover.

¿Otros proyectos en los que has estado involucrado antes de partir a esta gira y que retomarás al regreso?

Trabajos muy interesantes, he grabado un tema con Issac Delgado, es una deuda que tenía conmigo mismo por lo que representa El Chévere de la Salsa. Con Leoni Torres grabé un par de canciones que van a gustar. Vendrá el video del tema que hice con Waldo Mendoza “Llórame un río”. Una canción con Omar Hernández y Baby Lores que se titula “Mariposa”. Cerrando una serie de canciones que he estado componiendo con el maestro Israel Rojas, varias canciones muy bonitas, algunas están grabadas y saldrán en su momento. Casi tengo otro disco a base de colaboraciones, algo que disfruto y me satisface.

He leído que el gran cantante brasileño Roberto Carlos está interpretando una canción de tu autoría.

Roberto Carlos es para mí un ídolo y que esté interpretando una versión nueva de “Cuando me enamoro”, porque añadió algunas letras, eso representa un premio porque quise siempre entrar en Brasil con mi música y este sueño se ha cumplido, además, porque una telenovela de TV Globo, que tiene alto rating de audiencia también utiliza mi música y eso me ha sorprendido.

Un mensaje a tus seguidores en la red de redes desde Suenacubano.com

Desde aquí le mando un beso a todos los corazones cubanos a los que siguen mi música en cualquier parte del mundo, a la gente sencilla que disfruta mi trabajo, para ustedes escribo mis canciones. Estoy orgulloso de vivir en un país como Cuba. Gracias a los que apoyan mi música y esperen más de este artista.

(Tomado de Suena Cubano)


http://www.rcm.cu/?p=28896
En verdad, si no fuera por la música, habría más razones para volverse loco.
autor: Piotr Ilich Chaikovski


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El platanal de Bartolo..

Notapor Roberto García. » Dom 22 Sep, 2013 1:34 am

Orquesta Chepín Chovén -El platanal de Bartolo

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El platanal de Bartolo

Lino Betancourt Molina


En el año 1956 se celebraron los carnavales en la ciudad de Ciego de Ávila y a un entusiasta vecino de la calle Honorato Castillo se le ocurrió la feliz iniciativa de adornar aquella vía con hojas de plátano y situar un enorme cartel que decía: “PASEN A BAILAR Y GOZAR AL PLATANAL DE BARTOLO”. Los vecinos de aquella calle recordaban que fueron los carnavales que más días duraron. Fueron 45 jornadas de fiesta con distintas orquestas que hicieron bailar a todo el pueblo.
Un impetuoso avileño nombrado Abelardo Mora localizó a Chepín —que había ido con su orquesta a los carnavales—, y le ofreció 90 pesos para que amenizara un baile en “El platanal de Bartolo”. La suma ofrecida era muy exigua, pero no obstante Chepín aceptó deseoso de sumarse al entusiasmo de la ciudad. Aquella noche “El platanal de Bartolo” se llenó por completo de un público entusiasmado al poder bailar y gozar con una de las más populares orquestas del momento.
Chepín se inspiró en la ocurrencia de ponerle a la calle tan singular nombre y aquella misma noche comenzó a componer uno de los sones más cantados, al que tituló El platanal de Bartolo.
Una vez en Santiago de Cuba el son fue estrenado en la emisora CMKR por los cantantes Roberto Nápoles e Isidro Correa, y luego lo grabó Ibrahim Ferrer en un estudio de La Habana.
Ese son tuvo una repercusión nacional muy grande y en posteriores carnavales celebrados en Santiago de Cuba, San Luis, Guantánamo y otras ciudades, siempre uno de los bares estuvo adornado con hojas de plátano. En 1989 se realizó un evento musical bailable en Santiago de Cuba con el nombre de “El platanal de Bartolo”.
Luego aquel son fue llevado al disco de 45 RPM y por la otra cara se escuchaba otra popular composición de Chepín: Bodas de oro, uno de los más populares danzones de aquellos años. Chepín se inspiró cuando el matrimonio de su amigo Germán Yubert cumplió 50 años de unión.
Primero lo tituló Cincuenta años de felicidad, pero cuando se estrenó en el Club Aponte de Santiago de Cuba, durante el baile para celebrar ese acontecimiento, Chepín comentó que cincuenta años de felicidad eran una boda de oro y con ese nombre fue bautizado definitivamente.
Fueron muchas las obras de Chepín que alcanzaron celebridad. Recordamos otro danzón famoso titulado Diamante negro, dedicado al gran trompetista santiaguero Pepín Vaillánt, triunfador en París durante muchos años y luego en La Habana en el Cabaret Tropicana y en el Parisién del Hotel Nacional de Cuba.
Pero la obra de Chepín que trascendió al plano universal fue el bolero Murmullo, inspirado en una pareja de enamorados en el año 1935. Durante todo el año 1937 se mantuvo en el hit parade de Estados Unidos y fue escogido como tema musical de la película Let me whisper, protagonizada por Ben Crosby y Jeannette Mc Donald.
También cantaron esa pieza los mexicanos Ramón Armengod y Elvira Ríos, y en 1998 Ibrahim Ferrer ganó un Premio Grammy con el álbum Buena Vista Social Club cantando Murmullo. Pero con el pago de los derechos de autor de esa composición Chepín tuvo muchas dificultades, ya que en los Estados Unidos tenían como su autor al maestro Agustín Lara. Cuando se aclaró la verdadera autoría, al cabo de unos cuantos años, Chepín recibió —el 15 de julio de 1959— dos cheques, pero en una entrevista el compositor declaró que nunca cobró aquella suma por considerarlas irrisorias pues en aquellos años Murmullo se cantaba en muchos países por afamados intérpretes.
Pero, ¿quién fue Chepín? Un inspirado violinista y compositor nacido en Santiago de Cuba el 12 de noviembre de 1906 (aunque algunos afirman que fue en 1907 y otros que en 1910). Se llamó Electo Rosell Hourrutinier.
El 24 de junio de 1932 tuvo la feliz iniciativa de fundar con Bernardo Andrés Manuel Chauvín Villalón (que se pronuncia Chovén) una orquesta tipo jazz band que desde su fundación gozó de la preferencia del público santiaguero. El sobrenombre “Chepín”, con el cual se le conoce desde niño, se lo pusieron cuando tenía corta edad y ni él mismo sabía su origen.
Siendo aprendiz de violín fue contratado por la empresa del Cine Aguilera para que amenizara las películas silentes. Le pagaban 25 centavos diarios. En 1926 se unió a la compañía teatral de Arquímedes Pous con la que viajó a Puerto Rico, Venezuela, República Dominicana y Panamá.
De regreso a Cuba en 1929 lo contrató Francisco Formell Madariaga —padre de Juan Formell— y lo incorpora a su charanga que tocaba en una “academia” que existía en la calle Galiano.
Pero cuando unió su talento al del pianista Chovén las cosas cambiaron. Primero la agrupación musical se llamó “Los siete ases”, luego “Oriente jazz” hasta que finalmente el locutor Matías Vega la bautizó con el nombre de Orquesta Chepín Chovén.
Durante cuarenta años, desde 1939 hasta 1979, la Orquesta Chepín Chovén grabó centenares de discos con obras de su autoría y de otros compositores.
El 31 de abril de 1984, nos dijo su adiós definitivo este gran músico santiaguero.
Luego de su desaparición física, Bernardo Chovén quedó al frente de la orquesta hasta su jubilación en 1986. Posteriormente asumieron su dirección Miguel Méndez Riera y Orestes Chovén, los cuales estuvieron muy poco tiempo, hasta que en 1988 asumió la dirección José Ramón Hernández Garbey, trompetista que todavía trata de mantener viva esta agrupación que hizo bailar a la juventud santiaguera en una época de esplendor del danzón y el son.


FUENTES:
—Conversación del autor con Chepín.
—Jardines Pérez, Lorenzo. Chepín: la música de una ciudad. Editorial Casa del Caribe. Santiago de Cuba. 2011.
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Re: Noticias musicales cubanas .

Notapor Roberto García. » Jue 26 Sep, 2013 3:05 pm

Conversación con Joseíto Fernández

Lino Betancourt Molina

La última vez que conversé largamente con Joseíto Fernández, fue la noche del 27 de septiembre de 1972 en la funeraria de Calzada y K, donde se velaba el cadáver de Abelardo Barroso.
“Se te olvidó decir que yo fui zapatero”, me dijo sonriendo mientras me daba un fuerte abrazo. El domingo anterior yo había publicado en la Revista Semanal de Radio Reloj una extensa crónica donde narraba algunos aspectos relevantes del célebre cantor.
Luego me dijo: “Mira, además de zapatero remendón fui vendedor de periódicos y de billetes de la lotería… vendía viandas y frutas, en fin tuve una niñez durísima.”



Yo soy nacido y criado

Con infinita pobreza

Pero jamás mi cabeza

Por deshonor he inclinado
José Fernández Díaz, conocido por Joseíto Fernández, nació el 5 de septiembre de 1908 (hace 105 años) en el habanero barrio de Los Sitios, donde se crió. La mamá de Joseíto, Rosario, se pasaba la vida cantando mientras lavaba ropas ajenas para mantener el hogar. Cantaba bien, según recordaba Joseíto, pero nunca intentó vivir del canto.
Cuando Joseíto tenía doce años de edad, formó un trío con dos de sus amigos. Cantaban donde podían y a cambio recibían unas pesetas. Los llamaban para ofrecer serenatas en vísperas de un cumpleaños de una enamorada o de un amigo.
En la época de oro del Son, la década de los años veinte, luego que terminaba de reparar zapatos, me iba con los músicos que tocaban sones y cantaba con ellos en las fiestas. Así me fui dando a conocer. Me hice amigo del director del conjunto Los Dioses del Amor, y me llevó a una emisorita que tenía el Dr. Fernández, que estaba en su casa de la calle Figuras entre Tenerife y Monte. Ese fue mi primer encuentro con un micrófono, por el año mil novecientos veinticinco o después.
La fama de Joseíto Fernández le vino por el éxito que tuvo la guajira Guantanamera. La historia ha sido contada infinidad de veces. Pero una vez más, aquella noche Joseíto volvió a hablarme de su famosa melodía.
Por el año 33 había varias emisoras que transmitían en vivo. No se hacían programas grabados, no, el público participaba de los programas, sobre todo los musicales. Ya había cantado con la orquesta de Raymundo Pía y me encontraba sin hacer nada y un amigo mío, Alejandro Riveiro, me embulló a formar una orquesta. Buscamos los músicos, y como yo tenía alguna fama porque cantaba danzonetes, pues formamos la orquesta y debutamos en una emisora que estaba en la Habana Vieja. Yo cantaba una guajira que al final mentaba a distintas mujeres, a las camagüeyanas, a las villareñas y a otras.
Lo de “guajira guantanamera” es una historia de amor, que Joseíto a veces gustaba narrar. Sucedió que a las transmisiones siempre iba una linda mulatica natural de Guantánamo. Le llevaba una modesta merienda: un pan con croquetas y una malta, ya que Joseíto nunca fue adicto a las bebidas alcohólicas. Se hicieron novios, pero la linda muchachita se puso celosa porque su enamorado era asediado por otras jovencitas y dejó de ir a la emisora. Joseíto se preocupó y como no tenía mejor manera de reclamar su presencia, se le ocurrió la feliz idea de terminar su canto con una imploración: “guantanamera, guajira guantanamera”. Al otro día la guantanamerita se le apareció en la emisora. Después ya Joseíto no aludió más en su canto a otra mujer que no fuera la guantanamera.
Mucho antes de que el folclorista norteamericano Peter Seeger lanzara al mundo su versión de La Guantanamera con versos de José Martí, la tonada se había hecho famosa en un programa de la emisora CMQ, que se transmitía a la una de la tarde, auspiciado por el jabón Crusellas. Joseíto cantaba las décimas con una noble cantora pinareña llamada Nena Cruz apodada “La Calandria”. Las décimas las redactaba Chanito Isidrón, y el programa se titulaba El Suceso del Día; pero el pueblo lo bautizó como La Guantanamera. Se trataba de narrar en décimas un acontecimiento trágico, sangriento, ocurrido en Cuba el día anterior. Comenzaba así:
Señores voy a contar
El triste caso de un hombre… etc, etc.
Y luego continuaba con la tragedia. Por cierto, se hizo muy popular el dicho de que cuando alguien iba a ser insultado le decían: “te van a dar una guantanamera”, o sea, lo insultarían escandalosamente.
En Santiago de Cuba, en la CMKW Cadena Oriental de Radio hubo un programa similar titulado Cosas que Pasan, que escribía Walterio Núñez y cuando por algún motivo este faltaba, me llamaban para escribirlo tomando como tema la página de la “Crónica Roja” del periódico Diario de Cuba… cosas que pasan, amigos.
Pero en el año 1963 se produjo un hecho trascendental en la vida de Joseíto Fernández. El 8 de junio de aquel año el folclorista Peter Seeger cantó La Guantanamera en un concierto ofrecido en el Carnegie Hall de Nueva York, con versos de José Martí. Peter Seeger no sabía quién era el autor de la guajira. Cuando vino a Cuba en 1971 lo entrevisté brevemente en la Casa del Joven Creador, gracias a la colaboración de la cineasta y periodista Estela Bravo que me sirvió de intérprete. Tuvo frases de elogio muy respetuosas para Joseíto Fernández y me hizo énfasis en que nunca pensó apropiarse de esa melodía.
Ya La Guantanamera es casi un himno. Se canta en el mundo entero siempre que se quiere homenajear a Cuba.
En 1979 Joseíto se sintió enfermo. Fue ingresado en el Hospital Calixto García. Fui a verlo en el horario de visitas, pero eran tantas las personas alrededor de su cama que la enfermera pidió de favor que lo dejaran descansar.
El 11 de octubre se produjo su fallecimiento. La funeraria de Calzada y K fue invadida por el pueblo que tanto lo ama.
Hoy Joseíto Fernández, con su figura esbelta como una palma real y su blanca guayabera, símbolo de pureza, sigue siendo el alma de la canción guajira. Nancy Robinson Calvet lo definió en estos versos:

Como una piedra espigada

De guayabera vestida,

Con la garganta encendida

Siempre por una tonada

¡Cuánto sabor de alborada

Tiene tu guantanamera!

FUENTES:
—Conversación del autor con Joseíto Fernández.

—Robinson Calvet, Nancy. “Cuánto sabor de alborada tiene tu guantanamera”. Periódico Granma, 12 de agosto de 1978.

—Pérez Galdós, Víctor. Joseíto Fernández y su guajira guantanamera. Ediciones Unión. 2011

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Notapor Roberto García. » Jue 26 Sep, 2013 3:08 pm

Los artistas extranjeros en Cuba

Arturo Arias-Polo




No hace mucho conversaba con una colega acerca de cuánto se ha hablado sobre el aporte artístico de los cubanos a la cultura mundial y lo poco que se menciona el legado de aquellos artistas foráneos que dejaron sus huellas en la isla. Los ejemplos sobran, y enumerarlos sería interminable, teniendo en cuenta que desde que Cuba es Cuba más de un extranjero terminó aplatanándose en La Habana o pasó temporadas tan largas que se le llegó a considerar “propiedad de la casa”.
Casi nadie sabe que Antonio Meucci, un escenógrafo italiano que emigró a La Habana cerca de 1849, volcó toda su experiencia como maquinista de La Scala de Milán en el desaparecido Teatro Tacón, donde concibió escenografías complicadísimas para asombro del público.
Pero Meucci no solo se limitó a crear decorados espectaculares. Su mayor aporte al desarrollo de la isla fue la invención de una conexión telefónica entre el teatro y la casa contigua que intentó patentar sin éxito en Estados Unidos.
El Tacón también albergó a otro italiano, el maestro Gioavanni Bottesini, conocido como “el Paganini del contrabajo”, que dirigió la orquesta durante varios años y dio a conocer en La Habana óperas de Verdi antes que en muchas capitales de Europa.
Por esa misma época la escena cubana comenzó a nutrirse de artistas de ultramar que se quedaban en tierra una vez que sus compañías proseguían sus giras por los países del área. Entre los que llegaron a mediados del siglo XX figura el tenor cómico español Antonio Palacios, pieza clave en el desarrollo del género zarzuelero en la isla y uno de los mentores de la vedette Rosita Fornés, hija de españoles, que siendo adolescente se estableció en La Habana para siempre.
Según cuentan, los artistas extranjeros siempre tuvieron las puertas abiertas en Cuba. Al menos, así me lo afirmó la actriz canaria Pituka de Foronda hace 20 años, cuando me comentó que mientras vivió en la isla se sintió “una más”, porque tanto el que llegaba del extranjero como los nacionales tenían las mismas oportunidades de trabajo. De ahí que nadie se opusiera a su participación en La serpiente roja (1937), primer largometraje sonoro cubano, de la cual se enorgullecía.
La soprano mexicana Elisa Altamirano fue otra que, sin proponérselo, pasó a los anales de la cultura de la isla en 1932, cuando estrenó Cecilia Valdés, la zarzuela cubana por antonomasia.
Como el mundo de antaño era menos complicado que el de hoy los artistas armaban campamento donde encontraban trabajo. Por eso no asombra que el compositor boricua Rafael Hernández, autor de Lamento borincano, se mudara a La Habana en 1920, y viviera algunos años allí, tal como lo haría después su paisana Myrtha Silva, la primera voz femenina que tuvo la Sonora Matancera, a finales de la década de 1940.
Fue la época en que, deslumbrado por el exuberante paisaje tropical, el director español Juan Orol filmó en Cuba varios melodramas y convirtió en estrellas, y luego en sus esposas, a María Antonieta Pons y Rosa Carmina.
Pero mucho antes de que el creador del “cine de rumberas” mostrara el contoneo de las cubanas, en los eufóricos años 1920, la tiple mexicana Luz Gil encandilaba al público desde el escenario del Teatro Alhambra, una sala “para hombres solos”, donde protagonizó La danza de los millones y otros sainetes de actualidad. Al final de su vida la artista se dedicó a organizar espectáculos en el leprosorio San Lázaro, no muy lejos de la capital cubana, labor sin precedentes que continuaron sus colegas.
A principios de la década de 1960 llegaron a la isla muchísimos artistas del mundo entero atraídos por el “milagro” revolucionario, en contraste con la creciente estampida de buena parte de las primeras figuras del arte cubano que marchó al exilio buscando libertad.
Son los tiempos en que los payasos españoles Gaby, Fofó y Miliki, afincados en la isla, hacían sus maletas para no regresar, tal como lo haría luego la vedette española Yolanda Farr, formada en Cuba, tras brillar en la televisión, el teatro, el cabaré y en las películas Desarraigo (1965) y Memorias del subdesarrollo (1968).
Fue una época de confrontaciones políticas en la que algunas figuras extranjeras que hoy escapan a la memoria hicieron su aporte a la cultura. Como es el caso del actor y director mexicano Alfonso Arau, fundador del Teatro Musical de La Habana, por el que pasaron las cantantes Mirtha Medina, Leonor Zamora y hasta el famoso saxofonista Paquito D’Rivera. Sus alumnos dicen que Arau fue un pedagogo riguroso que innovó la escena cubana, y que un buen día, como tantos otros, regresó a su terruño sin hacer ruido.
Tras el golpe del general Augusto Pinochet, en Chile, el Ballet Nacional de Cuba acogió a la coreógrafa Hilda Riveros, y el cine al actor Nelson Villagra, que interpretó papeles protagónicos en La última cena ( 1976) y Cecilia (1981), entre otros títulos que hicieron historia.
Pese a las etapas de censuras y persecuciones la isla no ha dejado de nutrirse del aporte cultural foráneo. ¿Será una de las razones por la que sus expresiones artísticas fascinan a cualquiera? •
¿Qué piensa usted sobre este tema? Escriba su opinión, con su nombre y apellido, en la sección Viernes de elnuevoherald.com.


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Re: Noticias musicales cubanas .

Notapor Roberto García. » Jue 26 Sep, 2013 3:13 pm

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Estatua a Tomas Terry , Cienfuegos.



Un estudio sobre los Terry de Cienfuegos (I parte)

Fernando Carr Parúas


Quien visita Cienfuegos, la hermosa ciudad a orillas de la inmensa bahía de Jagua, no tiene que andarla mucho para reconocer que bien la han catalogado como “La Perla del Sur”. En el año 2005 la Unesco le confirió la condición de Patrimonio Cultural de la Humanidad.
Los cienfuegueros —desde siempre y también ahora— se han vanagloriado de tener la ciudad “más limpia y mejor trazada de Cuba”, de que su Paseo del Prado es “más largo que el de La Habana” —lleno de monumentos en honor de los mártires de las guerras de independencia, así como de otros cienfuegueros ilustres—, y que su malecón, aunque nunca tan extenso como el de la capital, no por ello es menos majestuoso. Desde él se puede observar a lo lejos el macizo de Guamuhaya, más conocido como el Escambray. Y realmente, todo esto es verdad. Pero dos cosas más tiene el cienfueguero a su favor: su educación y su cultura; Cienfuegos ha sido y es un pueblo educado y culto. Tampoco debemos olvidar aquella sentencia de Benny Moré: “Cienfuegos es la ciudad que más me gusta a mí”.
Como todas las ciudades del mundo tiene Cienfuegos sus joyas que muestra con orgullo: El Parque Martí —que tiene una bella estatua del Apóstol esculpida por el maestro italiano Giovanni Nicolini y emplazada en 1906; además, una hermosa glorieta; bustos a su alrededor de los más importantes poetas, otros intelectuales y benefactores, dos leones majestuosos que dan entrada al parque, así como aparece, en granito color rosa, donde estuvo el árbol de majagua que se tomó como centro para delinear las calles de lo que es el casco histórico de la ciudad, una especie de rosa náutica o rosa de los vientos, que allí llaman roseta.
Frente al Parque Martí se levanta el teatro Tomás Terry, al lado del edificio de los antiguos colegios de San Lorenzo y Santo Tomás, y, en las afueras de la ciudad, el fastuoso Cementerio Tomás Acea (o propiamente dicho, Tomás Acea y Terry). El teatro fue inaugurado en 1890 y el cementerio, en 1926. En ambos casos se trató de donativos a la ciudad, al igual que el edificio de los citados colegios. Otra joya digna de mencionar, fuera del centro de la ciudad, es el ecléctico Palacio de Valle, de principios del siglo XX, en la zona de Punta Gorda.
El 12 de febrero de 1890 se inauguraba con una gran fiesta el teatro Tomás Terry, en una esquina que forman las calles de San Carlos y Santa Isabel, con capacidad para 1 200 espectadores en las tres secciones: galería, palcos y platea. El piso de la platea, móvil, para que pudiera ser elevado a la altura del escenario y constituir un salón de fiestas. El teatro posee locales para un café, un restaurante, un jardín lateral que lo separa de los edificios contiguos, y un amplio vestíbulo, en el que preside una estatua de don Tomás Terry y Adans, obra del escultor italiano Tomasso Solari, y en el cielo raso, las obras del pintor —nacido en Filipinas, radicado en Madrid, pero fallecido en Cuba— Camilo Salaya Toro (1836-1898), quien también tuvo a su cargo las del cielo raso de la platea, así como otras figuras y cuadros.
Se había librado una convocatoria a principios de 1887 para presentar los proyectos de la edificación del teatro, y ganó la idea del ingeniero Lino Sánchez Mármol (1845-1927), de Santiago de Cuba, quien se encargó de la construcción del edificio. La primera piedra fue colocada a finales de ese año, el 29 de diciembre, día de Santo Tomás.
Los herederos de don Tomás Terry, quien había fallecido el año anterior en París, separaron cien mil pesos para la construcción del teatro antes de dividirse la herencia, pues siempre había sido idea de Terry donar un buen teatro a Cienfuegos, pero aquel plan, que por primera vez él mismo anunció en 1863, al año siguiente de la muerte repentina de su primogénito Tomás Leandro, de 23 años, no se había podido materializar en dos ocasiones.
En la fiesta de inauguración, la orquesta estuvo dirigida por el maestro Rafael Palau León (1864-1906), y aquel gran pianista que fue Manuel, Lico, Jiménez (1851-1917), interpretó varias obras. Cantó un coro, se recitaron poemas, se declamó un monólogo. Diego Vicente Tejera (1848-1903) recitó su poema La hamaca. El primer discurso lo leyó José Emilio Terry y Dorticós, hijo de don Tomás Terry. Otro discurso fue el del tribuno Rafael Montoro (1852-1933). El destino de la recaudación fue para la Escuela de Artes y Oficios de la ciudad, como estaba instituido hacer con todas las recaudaciones del teatro.
Hace años conocí a la familia de los descendientes de los Terry que quedan en Cienfuegos: María del Carmen, Luisa María y María de los Ángeles, Mariita, Arcay Dacosta; esta última quedó como depositaria de cuadros, fotos, documentos y otros objetos de la familia Terry. Su esposo, el profesor y poeta Miguel Albuerne Mesa, junto con Lourdes Díaz Canto, publicó un libro de casi doscientas páginas titulado Cienfuegos y los Terry, con diseño de Miguel Ángel Albuerne Arcay, quien también tuvo a su cuidado el trabajo digitalizado de las ilustraciones de este libro hecho en honor de su familia, a la cual él pertenece en la quinta generación, a partir del tronco genealógico que se examina en el trabajo investigativo hecho por su padre.
En la primera parte de este libro, Lourdes Díaz Canto ―poetisa cienfueguera― nos ofrece, a manera de introducción, unas bellas páginas sobre la historia de Cienfuegos y el teatro Tomás Terry, que ha titulado Bocetos para un pequeño paisaje.
Por su parte, Miguel Albuerne Mesa se encarga de la parte segunda y asunto central del libro: Aproximaciones a los Terry cienfuegueros, en la cual nos da el producto de sus investigaciones genealógicas de la familia Terry, que alcanza en algunos casos hasta la quinta generación, apoyada por fotografías, copias de documentos, facsímiles y croquis genealógicos, estos últimos con los datos recogidos hasta el momento de preparar el trabajo inicial, el cual publicó el Obispado de Cienfuegos en un muy corto número de ejemplares, los cuales se distribuyeron gratuitamente. La segunda edición, ampliada con nuevos datos incluidos por Albuerne, fue publicada por Ediciones Mecenas, de Cienfuegos, y sacada a la luz hace algunos años, y enseguida quedó agotada.
Miguel Albuerne Mesa, al dedicar su trabajo, lo hace: “Al pueblo cienfueguero: autor, actor y espectador de esta historia”. “A la familia Terry, como parte importante de este pueblo en sus albores”. “A mi esposa, María de los Ángeles Arcay Dacosta, fiel defensora de la unión familiar”.
El joven gaditano José Antonio Terry se trasladó de su natal Cádiz hasta Venezuela, en 1799, cuando no había cumplido los 20 años; iba a trabajar con Juan Terry, primo de su padre. En 1806, cuando había mejorado económicamente, se unió con Tomasa Adans España y se fueron a vivir a Caracas, donde pusieron un pequeño negocio; en 1808 les nació el primer hijo, Tomás; después nacería Antonio. Por motivos desconocidos la familia se separó: Tomasa y sus hijos quedaron en Caracas, pero José Antonio se fue a la colonia holandesa de Curazao a probar fortuna. Allí se casó tiempo después con la española María Ortega, con la cual tuvo siete hijos, todos nacidos en Curazao. De la menor de ellos, Josefa Terry Ortega, es de donde desciende quien varias generaciones después ilustraría y emplanaría electrónicamente la primera versión del libro que trato, y diseñaría el segundo libro.
Poco después del ciclón que en 1825 azotara a Cienfuegos, el primogénito de José Antonio, Tomás Terry Adans, llegó muy joven a la entonces Fernandina de Jagua, que se había fundado en 1819 y cada vez prosperaba más. Llegó a trabajar en la tienda mixta de Martín Irady, quien era amigo de su padre, pues había vivido en Curazao y allí había nacido su hija Luisa, la que más tarde se casaría con Antonio Terry Adans, hermano de Tomás.
Todo indica que el joven Tomás quiso abrirse camino, pues en la bodega de Irady nunca podría prosperar como él deseaba, y con el dinero ahorrado compró unas recuas de mulas y se convirtió en arriero, transportando mercancías —que llegaban a la bahía cienfueguera— hasta poblados bien distantes como Cartagena, Santa Isabel de las Lajas y San Fernando de Camarones; por esta última zona había buena cantidad de haciendas grandes e importantes, de donde traía otros productos para la ciudad. Se dice que ya para 1830 Tomás Terry había podido reunir unos veinte mil dólares.
Su capital fue en aumento cuando comenzó a prestar dinero, y también cuando entró de lleno en un negocio que le fue sumamente lucrativo, la compra-venta de esclavos. Los traficantes de esclavos no encontraban compradores para aquellas “piezas de ébano” que llegaban enfermas después de la azarosa travesía trasatlántica, y Terry compraba esos esclavos a precios irrisorios, se los llevaba para una finca donde los alimentaba bien y les cuidaba la salud, y dicen que después vendía cada uno hasta en mil dólares. Sin embargo, según lo que se ha podido investigar, nunca se dedicó a la trata de esclavos.
Tal cosa afirma el investigador estadounidense Roland Tyler Ely en su libro publicado en 1959 Comerciantes cubanos del siglo XIX, en el último capítulo, que tituló “Tomás Terry, el craso cubano”, pues, realmente, fue Ely el único que tuvo acceso a toda la documentación de los negocios que desde Cienfuegos dirigía quien ya en 1856 era considerado el comerciante más rico de Cuba. Nuevamente, en su libro (edición cubana de 2001) titulado Cuando reinaba Su Majestad el Azúcar, volvió Roland T. Ely a aseverar tal asunto.
El profesor Ely, graduado de la Universidad de Princeton, realizó investigaciones, primero, para su libro La economía cubana entre las dos Isabeles, 1492-1832, y, después fue que publicó el antes citado, para preparar su trabajo de tesis para el doctorado en la Universidad de Harvard. En esta vía, había realizado previamente una exhaustiva investigación en los archivos de Nueva York del millonario estadounidense Moses Taylor (1806-1882), contemporáneo y gran amigo de Terry, en los cuales se guardaban infinidad de carpetas de las correspondencias de negocios y privadas entre Taylor y Terry. Esto lo motivó en la década de los años cincuenta del siglo pasado a investigar los archivos de Tomás Terry.
Fue entre 1958 y 1959 cuando, por mediación del magnate azucarero Julio Lobo, contactó Ely con los herederos de Tomás Terry, algo dispersos en diferentes países, y se consintió que realizara la investigación. Puestos al día los apoderados en Cuba de los herederos de Terry —en La Habana, el empresario Alfredo Lombard Sánchez, y en Cienfuegos, Pedro Fuxá Seuret—, entregaron al estadounidense el permiso para realizar su trabajo investigativo en las antiguas oficinas de Terry —situadas en la esquina de las calles Dorticós y Bouyón—, cerradas desde 1910 y en aquel entonces al cuidado de un matrimonio anciano. En el local, de dos pisos, todo estaba tal cual cien años antes. Hoy —así son las cosas— nadie sabe decir qué se hizo de la documentación y los enseres que allí existían.
De este estudio comparativo hecho por Ely entre las cuentas del más rico comerciante de Nueva York y el multimillonario de Cienfuegos, se determinó que Terry había comenzado sus negocios con Moses Taylor cuando le envió 43 troncos de cedro para que este los vendiera por su cuenta en Nueva York; los datos de la transacción aparecen en una carta del 29 de septiembre de 1838, en la cual Terry le dice a Taylor de su esperanza de que tal negocio marcaría el comienzo de unas largas y mutuamente ventajosas relaciones.
Así fue, y también mucho más allá. Taylor llegó a tener hasta la tutoría de los hijos de Terry que viajaban a Nueva York. Casi cincuenta años después moría Taylor, pero Terry continuó negocios con sus herederos. Lo más significativo es que aquellos negocios que comenzaron con unos troncos de cedro en consignación, se convirtieron en las más grandes transacciones de la época, y si Taylor cada vez se hacía más rico, aquel Terry que comenzó de arriero, acrecentaba su capital con mayor rapidez que su amigo, hasta que alguna vez llegó a aventajarlo. El olfato financiero de Terry y su osadía aventurera para los negocios bursátiles no tuvieron parangón.
Acerca de todo esto pude conversar con Roland Tyler Ely, ya muy anciano, en su última visita a Cuba, hace pocos años. Es más, me dijo que según los documentos por él investigados, Moses Taylor le escribió una vez a Terry, que en la medida que este iba incrementando su patrimonio, sería pronto mucho más rico que él, como así fue, lo cual era mucho decir.
Fue muy grato el encuentro con este venerable investigador.
Continuará ...
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Notapor Roberto García. » Jue 26 Sep, 2013 3:15 pm

Un estudio sobre los Terry de Cienfuegos (II parte)

Fernando Carr Parúas


Todos los hermanos de don Tomás se avecindaron en Cienfuegos, y en esa ciudad muchos se casaron y allí tuvieron sus hijos. Tomás Terry se casó en 1837 con Teresa Dorticós y Gómez de Leys, con la que tuvo diez hijos, todos nacidos en La Perla del Sur, excepto el penúltimo, Juan Pedro, quien nació en Nueva York. Este hijo sería el que años más tarde dilapidaría una fortuna de más de dos millones de dólares que había puesto el padre en sus manos para administrarlos en Nueva York. Cuando don Tomás se enteró, ni corto ni perezoso puso tal cantidad a cuenta de lo que le correspondería en la herencia y cortó toda relación con el hijo, que, a todas luces, había sido el favorito. Juan Pedro Terry y Dorticós es uno de los personajes de la novela El Napoleón de los ladrones: vida y andanzas de Adam Worth, el auténtico Moriarty (el título en inglés es The Napoleon of Crime: The Life and Times of Adam Worth, Master Thief) del británico Ben Macintyre, publicado en 1997.
Ya en 1845 los ingresos de Tomás Terry provenían también de otros negocios, entre ellos una tonelería; la compra y venta de productos agrícolas para la exportación; maderas —cedro y caoba—; importaciones para el mercado local; además de los intereses que recibía por los préstamos y las comisiones por actos bursátiles; pero en esa época no llegaban a cincuenta mil dólares anuales. Sin embargo, cuando se convirtió en refaccionista, entonces sí comenzó a crecer su capital, pues financiaba a los hacendados los gastos de la futura zafra azucarera, pero quedaba esta comprada por adelantado a muy bajo precio, azúcares que después él vendía con altas ganancias en Nueva York por intermedio de Moses Taylor. También sus almacenes, frente a su muelle en la bahía de Jagua, representaban grandes dividendos. Se hizo de algunos centrales azucareros, pero no quiso invertir más de lo que ya tenía en este rubro, pues había encontrado una vía más fácil para hacer dinero comprando valores de los gobiernos de distintos países, y obtuvo bonos de los Estados Unidos, Rusia, España, Francia, Italia, Austria y Turquía, así como de naciones suramericanas como Perú, Chile, Argentina y Brasil.
A partir de 1870, ante el conflicto entre Francia y Prusia, comenzó a liquidar sus valores europeos y los fue reinvirtiendo en Wall Street, comprando acciones de empresas ferrocarrileras estadounidenses, de las que fue muy importante accionista. También invirtió en algunos ferrocarriles cubanos, pero en ninguno como el de la empresa ferroviaria Cienfuegos-Santa Clara, de la que tuvo poder absoluto.
Regalaba a hijos y nietos ingenios y haciendas. Casi todos sus hermanos e hijos se casaron con miembros de familias muy pudientes. Quizás uno de los casos más sobresalientes fue la boda de su hija Teresa Higinia Terry y Dorticós con Nicolás Acea y de los Ríos, quienes tuvieron dos hijos. Al nacer el mayor, en 1867, nombrado Tomás Lorenzo Acea y Terry, el abuelo don Tomás regaló al nieto la hacienda Esperanza. El menor murió muy pequeño. Teresa muere poco después en la misma década de los años sesenta, y Nicolás Acea volvió a casar en 1881, esta vez con una viuda, Francisca Toste, de quien no tuvo descendencia. Pero la desgracia continuó en la familia, pues cuando contaba 16 años, murió Tomás Lorenzo, y entonces Nicolás Acea devolvió a su exsuegro la hacienda Esperanza. En 1904 falleció Acea, hombre muy rico, pero nunca como Terry, y dejó en su testamento una colosal cantidad de dinero y los terrenos para construir las escuelas San Lorenzo y Santo Tomás, la primera para varones y la segunda para niñas, así como un magnífico asilo para ancianos, de una manzana de superficie. Hoy, en ese antiguo asilo, con el edificio muy remozado, funciona el excelente Hospital Pediátrico Paquito González.
Al morir su viuda Francisca Toste en 1912, a quien Nicolás Acea había dejado una cuantiosa fortuna, se construyó por los albaceas un monumento funerario en el cementerio de Brooklyn para que descansaran los restos de la familia, según lo testado por ella, y además, el fastuoso Cementerio Tomás Acea, de Cienfuegos, el más hermoso del país, que se terminó de construir en 1926.
Pero volvamos a donde habíamos quedado:
En 1866 don Tomás Terry fue elegido por la Jurisdicción de Cienfuegos para integrar la delegación cubana ante la Junta de Información de Madrid. Era esta la última oportunidad de los que esperaban reformas de la Metrópoli para las colonias antillanas. Pero los conservadores hicieron fracasar este empeño reformista, y no cabía para los cubanos otra salida que la lucha armada. Sus honorarios y otras cantidades que le correspondieron por su gestión pública, Terry los donó a grupos necesitados de Cienfuegos.
La Guerra de los Diez Años, en 1868, y la política revolucionaria de la “tea incendiaria” cobraron a las propiedades de los Terry algunos ingenios. Esa fue la señal para que varios de los hermanos y sobrinos, así como hijos y nietos de Tomás Terry abandonaran Cienfuegos: unos hacia La Habana, otros para el extranjero. Después de la Paz del Zanjón, en 1878, don Tomás presidió el Partido Autonomista en Cienfuegos. Mientras veían como, poco a poco, un número mayor de familiares se marchaba de la ciudad que tanto dinero les había dado a ganar, los esposos Terry-Dorticós prefirieron quedar en la apacible urbe caribeña. Sin embargo, en 1884 decide “el craso cubano” cerrar las operaciones de la casa Tomás Terry y Compañía, y parte hacia París, donde, finalmente, fallece el 5 de julio de 1886.
Según las investigaciones de Ely, hasta la fecha que operó en Cienfuegos, la fortuna personal de Tomás Terry ascendía, solamente en propiedades y valores, a poco más de 20 millones de dólares, fabulosa cantidad para la época.
Entre las generaciones de hijos, nietos y biznietos de los Terry cienfuegueros, principalmente los que abandonaron Cienfuegos a partir de 1868, unos se casaron con europeos, entre ellos con barones, condes, marqueses y príncipes de la nobleza de España, Francia, Italia y otros países, según consta; otros, con estadounidenses; y muy pocos con cubanos. Los contados que quedaron en Cuba fallecieron en Cienfuegos o La Habana, y sus descendientes cubanos, casi todos, marcharon al extranjero en la segunda mitad del siglo XX. El último descendiente directo de Tomás Terry en Cuba, su biznieto el doctor Andrés Tomás Terry y García-Montes, falleció en La Habana a una edad avanzada, en 1984. Fue un filatelista destacado y escribió artículos y libros relacionados con la filatelia y la aviación; el más importante de ellos, El correo aéreo en Cuba, fue publicado después del triunfo revolucionario. Al morir, dejó valiosas donaciones al Museo Postal Cubano y a otras instituciones del país.
Los dos hijos de Tomás Terry que a finales del siglo XIX continuaron viviendo en Cuba, o al menos atendiendo sus negocios aquí en alguna época del año, fueron Francisco Javier y José Emilio, quienes regentearon la Compañía Comercial de Cienfuegos, que sucedió a la de su padre, desde 1884 hasta 1910, en que cerraron operaciones.
José Emilio estuvo ligado con Tomás Estrada Palma, en Nueva York, en tiempos de la Guerra de Independencia de 1895, para la que aportó de su peculio. En la etapa republicana que se inauguró en 1902, figuró como uno de los secretarios de despacho del presidente Estrada Palma —en la Secretaría de Agricultura, Industria y Comercio—, pero renunció al poco tiempo. Enfermo en 1910, se trasladó a Islas Canarias con la finalidad de curarse, y allí murió en 1911.
Francisco Javier tuvo cuatro hijos, dos hembras y dos varones. Los varones, Francisco Tomás y Emilio, fueron oficiales de la aviación francesa durante la Primera Guerra Mundial. El último todavía vivía en París en 1969. Francisco Tomás, es decir, Panchito Terry, además, en 1918 fue nombrado capitán jefe de la Escuadrilla Aérea Cubana, pero esta dejó de funcionar al poco tiempo. Se casó con la francesa Nelly Ormond y tuvieron una hija: Elena Terry Ormond, quien a su vez se casó con Jacques Tivé, y tuvieron a Armand Tivé Terry, todos franceses.
En abril de 1997 visitaron a Cienfuegos Elena Terry y su hijo Armand Tivé Terry, biznieta y tataranieto de don Tomás Terry y se encontraron con las hermanas Arcay Dacosta, biznietas de doña Josefa Terry Ortega, hermana menor de don Tomás Terry.
Nuevos datos ha podido reunir Miguel Albuerne Mesa acerca de los Terry, y sería muy interesante que se publicara una nueva edición del libro Cienfuegos y los Terry, pero que esta se tradujera en un mayor número de ejemplares, para que pudiera ser distribuida en toda la República. En tal sentido, requerimos a las editoriales del país. Hago votos por ello.
Mientras, el teatro Tomás Terry de Cienfuegos, en cuyas tablas han actuado muchos artistas cubanos y extranjeros de renombre, totalmente restaurado por la Revolución bajo la dirección del afamado y ya fallecido pintor y escultor cienfueguero Mateo Torriente (1910-1966), se prepara para presentar nuevas funciones y recibir al público de Cienfuegos, para el cual fue construido hace 123 años en este 2013.

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Notapor Roberto García. » Vie 27 Sep, 2013 2:19 pm

Ponte pa’ la música! Aproximación a la escena musical alternativa de Miami
Joaquín Borges Triana 23 septiembre, 2013


Para no pocos analistas, entre los cambios históricos registrados en las elecciones presidenciales norteamericanas del 6 de noviembre de 2012, uno de los más notables fue el de la victoria, por primera vez, de un candidato del Partido Demócrata entre la comunidad cubana de Florida. Puede asegurarse que si el bloqueo de Estados Unidos a Cuba ha sobrevivido hasta nuestros días ha sido, en gran medida, porque tenía el apoyo del exilio cubano, de notable influencia en el sur de Florida, un estado fundamental en la pugna electoral estadounidense. Pero eso ha cambiado ya.
Nuevas generaciones de cubanos nacidos o crecidos en Estados Unidos no se sienten obligados a ser fieles al Partido Republicano como la única garantía “frente al comunismo”, ni creen que la batalla contra Fidel Castro deba de ser el motivo de sus vidas. Por primera vez, un cubano-americano del Partido Demócrata, Joe García, fue elegido para ocupar un escaño por Florida en la Cámara de Representantes. Educados más en la solidaridad con sus familiares y compatriotas de la isla que en el odio a quienes llevaron a cabo la Revolución de enero de 1959, este grupo etáreo se identifica con las medidas para facilitar el intercambio tomadas por Barack Obama y tiene el anhelo de aumentarlo todo lo posible. Dicha corriente se ve, igualmente, entre una zona de la comunidad de artistas cubanos residentes en Miami y en especial, entre las más recientes generaciones de músicos de Cuba afincados allí y que experimentan un cambio de mentalidad en relación con sus antecesores llegados a la urbe floridana.
En el ámbito de los vínculos culturales entre Cuba y Estados Unidos, la ciudad de Miami en la Florida ha desempeñado un rol particular, sobre todo a partir del primero de enero de 1959. Es válido acotar que ya antes de la aludida fecha, existían importantes nexos con Miami pues sirvió de refugio a exiliados prerrevolucionarios y cabe afirmar que fue la vía de entrada más expedita al modo de vida estadounidense, dada la presencia allí de redes comunicativas de alta eficiencia para la época. No está demás recordar que, como acota Alfredo Prieto (2011: 94), en los años cincuenta de la pasada centuria era común que la clase media cubana viajara los fines de semana a dicha ciudad con miras a comprar artículos y bienes de consumo.
Por lo general, una característica de los grupos de inmigrantes cuando arriban de inicio al sitio escogido para asentarse, es la tendencia a concentrarse en un área específica y luego, a partir del transcurso del tiempo y las generaciones, dispersarse a través del territorio del país de acogida. Con la experiencia de los cubanos en EEUU ha sucedido todo lo contrario y de tal suerte, con el pasar de los años cada vez se han ido concentrando más en Miami (entiéndase el condado Miami-Dade). Incluso, los que están llegando ahora procedentes de Cuba, tienen la propensión a localizarse en dicho condado.
Así, las interconexiones entre La Habana y Miami, por encima de las asimetrías que establecen diferencias entre el Tercer y el Primer Mundo, originan que ambas ciudades compartan lo que los académicos denominan “porosidad fronteriza” (Coastworthy Rico, 1999). Incluso, cabe afirmar que a partir del 14 de enero de 2013, fecha cuando en Cuba entró en vigor el Decreto-Ley No. 302 modificativo de la Ley No. 1312, “Ley de Migración” (promulgada el 20 de septiembre de 1976), las interconexiones aludidas se tornan en la actualidad aún más fuerte.
El contacto con el acontecer de la vida en Miami y que llega a la isla mediante una variedad de canales informales, despierta en un no reducido sector de la población en Cuba lo que Alfredo Prieto (2011: 96) ha denominado “la percepción por default”, o sea, pensar que —en frase del aludido investigador—“los de allá tienen automáticamente todo de lo que se carece aquí en lo material por el solo hecho de cruzar el Estrecho”. Quienes llegan a semejante conclusión, asumen una idealización del día a día miamense, fenómeno producido en particular entre las más jóvenes generaciones de la ciudadanía y que aspiran a hacer realidad el AMERICAN DREAM, con letras mayúsculas.
Como parte de la reciente emigración de Cuba hacia Miami, una polifacética generación de músicos cubanos se ha afincado en dicha ciudad. Ellos son protagonistas de una sonoridad emergente en el medio artístico de Cuba y su diáspora, fenómeno caracterizado por el abandono de un lenguaje regido exclusivamente por símbolos nacionales y que incide también en la redefinición multicultural de la Isla, proceso que acontece en un contexto internacional abigarrado donde el sujeto cultural unívoco de la modernidad tiende a desaparecer.
Buen ejemplo de dicha corriente es el grupo Cubiche y que, como atinadamente se ha indicado (Silot Bravo, 2011a), es representativo, por un lado, de un movimiento artístico local grassroot (no en el sentido político de la movida en que voluntarios de la comunidad apoyan un partido sino en el de constituir una forma de asociación auténtica, natural y espontánea, diferenciable de las promovidas por las estructuras de poder) con una vocación diríase que global, y por otro, de la escena de Música Cubana Alternativa en la diáspora y deviene un paso más en el camino de afianzar el carácter cosmopolita de nuestra creación musical, por medio de apelar a constantes procesos de hibridación entre los múltiples géneros y estilos oriundos de la Isla con disímiles sonoridades de todo el mundo.
Como ha acotado la académica Eva Silot Bravo (2011a) es también significativo comprobar las similitudes que se producen entre proyectos como Cubiche, Interactivo y Habana Abierta, más allá de haber visto la luz en distintos puntos de la geografía planetaria, a saber: Miami, La Habana y Madrid. Los tres colectivos otorgan prioridad a un formato de colaboración mutante, en el que interactúan músicos de diverso background que, paralelamente, “cuentan con carreras independientes —una de las características distintivas de la escena musical cubana transnacional desde fines de los noventa—”(Silot Bravo, 2011a).
Dada la manifiesta propensión de Cubiche al diálogo con una amplia gama de formas de concebir la música y que van del jazz a lo afrocubano, pasando por los aires brasileños, el reggae, la timba, el rock, la cumbia y el pop, se les ha denominado el “New Miami’sstagefunkysound”. Pero no es únicamente el hecho de lo musical lo que llama la atención en el quehacer de Cubiche. A tono con la filosofía de su figura frontal, Descemer Bueno, ellos persiguen en su lírica que la misma también sea reflejo de “un panorama muy completo del paisaje sociocultural de Miami desde la perspectiva de los emigrantes llegados más recientemente” (Silot Bravo, 2011a). Un vívido ejemplo de ello es la canción titulada “Ponte pa’ la música”, que, como estudiosos del tema han analizado, es una demoledora crítica a lo que no pocos estiman como la falta de oportunidades y apoyo a la música y los músicos cubanos en el mercado miamense, la galopante corrupción en varios sectores de dicho condado del sur de la Florida, las dificultades que muchos de los jóvenes inmigrantes enfrentan para encontrar empleo en medio de la creciente crisis económica y la desequilibrada presencia de una anquilosada visión política a propósito de los aspectos locales en relación con Cuba y que a estas alturas del siglo XXI, se halla distante de ser verdadera expresión de la pluralidad de la diáspora cubana de recientes décadas.
Ante problemas tan complejos como los expuestos por la investigadora Eva Silot Bravo y otros de larga data como el diferendo cubano-estadounidense o el propio existente entre la nación cubana y parte de su emigración, la formación encabezada por Descemer Bueno defiende el principio ideoestético de continuar desarrollando la cultura como lugar de encuentro signado por la neutralidad, proceder que deja a un lado el abrazo asfixiante de la política pues, para decirlo con una frase del violinista y teórico del arte Alfredo Triff(2012): “La política divide, la música une. Separarse de la política no es necesariamente vivir de espaldas a ella. Es sencillamente evitar su abrazo maldito.” Justo al difícil pero posible sueño de crear puentes de comunicación y entendimiento entre los cubanos de aquí y de allá es a lo que le canta Cubiche.
La naturaleza progresista de la ya visible comunidad de esta clase de agrupaciones o solistas en Miami, me lleva a pensar que en dicha ciudad hoy es evidente la existencia de una relación entre el auge de un tipo específico de producción sonora dentro de los códigos de lo que he dado en llamar Música Cubana Alternativa (Borges-Triana, 2001 y 2009) y la emergencia de un pensamiento y activismo diferentes al hasta hace poco tiempo prevaleciente en la diáspora cubana afincada en la Florida. Dichos creadores, en su mayoría representantes de las nuevas generaciones, buscan otras formas de comunicarse con la esfera pública, en relación con la cual para mí queda claro que hacen todo lo posible a su alcance a fin de tener una influencia positiva en el entorno. Y es que ya sea en La Habana, Madrid, Londres o Miami, aunque muchos todavía no se den cuenta o no lo quieran entender, la música resulta un arma poderosa de incidencia en la sociedad.
La propia experiencia de lo acaecido en Miami así lo demuestra. Piénsese, si no, en cómo paulatinamente se ha ido transformando la ciudad desde el primer concierto de Gonzalo Rubalcaba allí en abril de 1996, fecha que para algunos seguidores del tema define un punto de inflexión en la política cubana de la urbe pues, en la ocasión el público interesado en asistir a la función del notable pianista, para entrar en el teatro tuvo que pasar a través de cientos de personas que en las afueras de la instalación protestaban por la presentación de Gonzalito y que en muestra de la más baja catadura ética le gritaban a voz en cuello: ¡Negro comunista! ¡Negro ñángara! Todo porque el artista estaba acogido al Permiso de Residencia en el Exterior (PRE), concedido por las autoridades de Cuba y no había renunciado a los vínculos con la Isla.
En cuanto a cómo es la vida de los músicos cubanos jóvenes en el condado Miami-Dade, vale la pena escuchar los decires del rapero Mr. Haka, líder allí de la movida de hip hop cubano underground o a espaldas del mercado tradicional, pero que ya ha ido creando una escena local de seguidores, y quien es protagonista en carne propia de lo que expresa:
“En mi opinión la vida de esos artistas en Miami no es como ellos quisieran. Y no hablo solo de mí, ni de los músicos, sino también de pintores, actores, bailarines y de todas las ramas del arte, sobre todo el arte conceptual. En esta ciudad estos talentosos seres no encuentran una hendija para parir la diferencia que llevan dentro. Es triste y si no eres fuerte se puede apagar tu llama de creatividad” (Silot Bravo, 2011b).
Si bien es cierto que, como expresa la periodista Sarah Moreno (2012), hay instrumentistas y cantantes de nuestro país que no carecen de variadas opciones laborales dentro del ambiente musical en Miami, entre los que cabría citar la agrupación timbera Tiempo Libre, los vocalistas Luis Bofill, Jourgensen Rodríguez, Gema Corredera, Malena Burkey su hija Lena (ganadora en el 2011 del Premio Grammy en su versión latina), el salsero Rey Ruiz proyectos de clara orientación hacia los sonidos híbridos al corte de Los Tres de La Habana y Leslie Cartaya y el grupo Palo, el bajista y arreglista Omar Hernández, el productor Ricardo Eddy Martínez (“Edito”), los cantautores Donato Poveda, Francisco (“Pancho”) Céspedes y Amaury Gutiérrez; un aspecto que no debe soslayarse es que dicha ciudad también resulta un reservorio para otroras muy populares músicos cubanos, que hasta su salida de Cuba entre fines de los ochenta e inicios de los noventa del pasado siglo, llenaban todos los espacios en los que se presentaran en la isla y no salían de la programación en la radio y la televisión,así como de los estudios de grabación de la EGREM, por entonces la única empresa discográfica existente en el territorio nacional.
Tales figuras encabezan un nutrido grupo de artistas nuestros que al trasladarse a vivir en el sur de la Florida, no han podido continuar su carrera por la carencia allí de instituciones con interés cultural genuino, así como por la existencia de mecanismos que dificultan o que para no pocos tornan imposible la difusión de una obra. Por lo anterior, a pesar de ser en algunos casos valiosísimos representantes de nuestra música, en el lugar donde ahora residen y para sobrevivir, han tenido que realizar trabajos sin ningún vínculo con su profesión o de escasa relevancia en el mundo musical.
Por semejante situación, incluso algunos de los músicos cubanos radicados en Miami han afirmado públicamente que ellos les recomiendan a sus colegas en Cuba que se queden en el país y que no se trasladen hacia la Florida.
Porque a decir verdad, como entorno de acogida Miami es un condado más en la geografía de Estados Unidos y, al margen de que hoy sea una urbe multicultural y diversa, allí sigue predominando un estilo de vida y una cultura anglosajones. El músico cubano que se radica en dicha ciudad es ante todo un inmigrante que compite por el público con infinidad de bandas de rock, estrellas del pop y del rap que cantan en inglés (el idioma predominante en la población de la zona, aunque el español cobre cada vez mayor fuerza), además de con una nutrida representación de artistas reconocidos de América Latina y España que van a ofrecer conciertos en esa, una plaza segura para su arte.
En el caso específico de los representantes de esta nueva generación de músicos cubanos afincados en Miami, en relación con sus colegas residentes en Cuba, no cabe hablar de la existencia de dos comunidades que se des-obran la una a la otra y que se ven respectivamente como una parte maldita a partir del establecimiento de un límite radical entre ambos grupos, según el modelo establecido por Jean Luc Nancy (2001: 76-77). Todo lo contrario, pues la motivación creacional, el fundamento y desarrollo de la propuesta artística no es la exclusión del otro por ninguna de las dos partes.
No se puede aludir, por tanto, a que haya una fractura o enfrentamiento sino más bien lo que se ha impuesto es la fluida interlocución entre artistas de las dos orillas, como lo corroboran los proyectos en común que se vienen realizando. Así, una de las principales ganancias de los representantes de la Música Cubana Alternativa radicados en Miami, en complicidad con sus compatriotas de dentro de la Isla, es que ambos grupos han podido involucrarse unidos en discos como los llevados a cabo por Descemer Bueno, Luis Bofil y Elain Morales, músicos residentes en Miami y que han grabado sus fonogramas con la intervención de artistas de Cuba radicados tanto en el país como en USA. La existencia de Internet, el desarrollo de la telefonía y el abaratamiento del transporte aéreo son factores que hoy posibilitan concretar realizaciones así a partir de establecer vínculos transnacionales de cualquier tipo. Con la concreción de trabajos de tales características, sus participantes hacen borrón y cuenta nueva de la fractura bipolar isla y diáspora, nación y emigración.
Es válido indicar que lo descrito en estas líneas tiene que entenderse en un sentido procesual, es decir, no como parte de un camino siempre rectilíneo y ascendente. Así, si bien en el período entre el 2000 y el 2008, la tendencia aquí comentada vivió una etapa de auge, la crisis económica producida en dicho último año motivó un retroceso en el accionar y la aparición de proyectos musicales como los aquí comentados. No es hasta 2012 que comienza a apreciarse un resurgir de la corriente, claro que desde los márgenes de la alteridad (obviamente,este tipo de creación sonora no está llamado a ser parte de la corriente principal del mercado de la música), concebida en sus dos funciones, o sea, como ganancia cultural y principio transformador.
Lo significativo para el análisis del devenir de las dinámicas culturales en Miami en los últimos años a propósito de esta nueva generación de músicos cubanos radicados allí, viene dado por el hecho de que a partir de que estos artistas pasaron a vivir en Estados Unidos, fue el momento cuando en su discurso artístico asumieron planteamientos ideoestéticos de corte social y naturaleza progresista. Decididamente, desde una perspectiva culturológica, la pregunta no debería ser “¿por qué?, sino, ¿qué significa esto?”
En mi caso, opino que ello evidencia que Miami ya no es la misma que hace unos pocos años atrás. Pues los nuevos emigrantes cubanos, como parte de la sociedad civil de dicha ciudad, han jugado un papel vital en la renovación del pensamiento anquilosado que durante mucho tiempo allí prevaleció. En tal sentido, el coro de un tema interpretado tanto por Cubiche como por Haka es ilustrativo:
“Deja la política,/ deja el perico/ y deja la retórica,/ y ¡ponte pa’ la música!”

Publicado originalmente en El Caimán Barbudo

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Borges-Triana, Joaquín. 2001. “Música Cubana Alternativa. Del margen al epicentro”. Dédalo, no. 0, La Habana, pp. 2
"La música es la más bella forma de lo bello" José Martí
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Re: Noticias musicales cubanas .

Notapor Roberto García. » Jue 24 Oct, 2013 3:54 pm

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Ninón Mondéjar: ¡Ay, qué linda es Cuba!

Ricardo Roberto Oropesa Fernández

Su silencioso adiós solo puede movernos a reconocer la estirpe desinteresada que lo caracterizó, entregando siempre sus creaciones para un fin común, el éxito de su orquesta América; por ello siempre se le escuchó afirmar: “Eso es cuento de algunos, el Cha cha chá no lo inventó nadie, lo inventó el pueblo.”
Como La Verde Palma Real dijo adiós Ninón Mondéjar. El cantante, compositor y director de orquesta cubano Anacario Crispiniano Mondéjar Soto, Ninón Mondéjar, fue un hombre revolucionario, murió en el anonimato y la humildad —como siempre quiso—, sin ansiar homenajes ni reconocimientos, pero con el inmenso optimismo y la jocosidad que lo caracterizaban. Aún recuerdo nuestro último encuentro, tendido sobre la vieja cama, semidesnudo, de quebrantado físico y meditabundo silencio, sumergido tal vez en sus lejanos recuerdos, pero de mirada inclaudicable, que ni la penosa enfermedad, ni la muerte cercana pudieron hacerle mella. El viejo Ninón, triunfador siempre, me asistía con su mirada profunda y bonachona, como quién vaticinaría con su saludo un buen final: “Aquí, dándole trabajo a la ´pelona´”.
Pocos saben en realidad de su creadora vida y el alcance de sus éxitos como audaz promotor musical, perseverante y carismático comunicador, hombre de peculiar astucia e ingenio criollo para componer estribillos, canciones, además de justiciero y soñador como líder de su orquesta y férreo defensor de los derechos de los músicos y de la música cubana.
Con su deceso, el 27 de enero del 2006, la cultura cubana perdió un importante director musical, el compositor de La Verde Palma Real, primer Cha cha chá creado en la historia de nuestra música.
Y es que a él se debe la certera y brillante idea del ritmo Cha cha chá, como algunos llaman “el último género musical cubano”, al que sus muchachos de la orquesta América pudieron plasmar en el pentagrama bajo su perspicaz visión. Ni los detractores que afloraron por la paternidad del Cha cha chá pudieron disminuir su éxito en Cuba y en México, desde donde lo internacionalizó para bien de nuestra cultura. Así como el Benny Moré y Polo Montañés fueron músicos naturales, de pura cepa, Ninón sentía y expresaba las melodías y la poesía que llevaba por dentro.

La Verde Palma Real (Esto es Cuba)
Autor: Ninón Mondéjar

Género: Cha cha chá

¡Qué linda, qué linda!

Es mi Cuba caballero!

¡Qué linda, qué linda,

Es mi Cuba caballero!

En la verde Palma Real,

Cuajadita de Palmiches,

Donde anida la Rabiche,

Y alegre trina el Zorzal.

¡Ay, qué linda es Cuba!

Qué amanecer tan gallardo,

Cuando húmedos caen rocíos,

Abren Nardos aguinaldo,

Perfumando mi bohío.

¡Ay, qué linda es Cuba!

Con sus valles majestuosos,

Impregnados del verdor,

Cuando va cayendo el Sol,

¡Que paisaje tan hermoso!

¡Ay, qué linda es Cuba!

¡Qué linda, que linda,

Es mi Cuba caballero!

¡Qué linda, qué linda,

Es mi Cuba caballero!

Los que le conocieron y le trataron personalmente —y fueron muchos—, nunca lo escucharon presumir de sus éxitos y mucho menos adjudicarse méritos que no le pertenecían, siempre se refería simplemente a los triunfos de su Orquesta, de sus muchachos: “Esa fue mi Orquesta y seguirá siendo siempre mi orquesta América”. Así se refería durante la entrevista que se le hiciera en el 2001 para el documental 50 años bailando Cha cha chá, orquesta América, de Jill Hartley.
Nunca fue posible arrancar de sus labios todo cuanto logró durante sus 44 años de vida artística, a la que no separó su actitud revolucionaria y creadora; es por ello que me atrevo a faltar a mi palabra a él dada, de no divulgar nada personal sobre su historia; pero resulta que su vida fue la vida de su orquesta América. Y el hecho de saber que rendir un sencillo tributo a Ninón Mondéjar es hacerlo a una parte de nuestra historia musical, me limitaré a señalar algunos aspectos relevantes de su trayectoria:
1914. Nació el día 25 de septiembre en la finca Paraíso, del batey de Céspedes, en el pueblo de Calimete, provincia de Matanzas. Hijo de Cipriano Mondéjar y Blanca Soto.
1929. Se traslada a vivir al pueblo de Bauta en la Habana, en casa de su madrina, Juana Rosa Soto (Mamaíta) junto a su familia compuesta por cuatro hermanas y dos hermanos. Mamaíta lo apoda Ninón, allí aprende con el hermano mayor el oficio de panadero y además trabajó en la fábrica de peines hasta que en 1933, durante los sucesos de la caída del presidente Machado, dirige la huelga en la fábrica. Ingresa a la Liga Juvenil Comunista de Bauta a la edad de 15 años, junto a sus amigos de célula, Monzón y “el Gallego”.

1930. Junto al guitarrista y voz segunda Silvano González, conforma un dúo cuyo repertorio eran guajiras, rancheras, corridos mexicanos y tangos, actuando en Bauta y los pueblos cercanos.

1932. Debutó como cantante profesional en el trío de la emisora radial habaneraCMX. Cantó con varias orquestas típicas y danzoneras durante la década del 30.

1940. Fundó su primera orquesta, La Triunfal, siendo dirigente del Partido Socialista Popular (PSP) en el barrio Los Pocitos, en el municipio de Marianao. Ninón formaba parte de la directiva del Sindicato de Balnearios y Clubes de la Playa, el PSP arrendó una finca en el reparto Los Pinos para fundar el Club Julio Antonio Mella y le plantean a Mondéjar reunir algunos músicos para amenizar los bailes los fines de semanas, una charanguita, con simpatizantes y militantes del Partido pues necesitaban recaudar fondos y las orquestas de moda eran algo caras. La idea de formar la orquesta se concretó en la casa de Laudelina Hurtado, profesora de piano y canto de Ninón Mondéjar, en la calle Pluma n.1 en el barrio de Los Pocitos, Marianao. Los primeros integrantes fueron los violinistas Ambrosio Hurtado —hermano de la profesora—, Ernesto Gómez —amigo de la familia— y Luis Suárez. Desde el comienzo el repertorio asumía temas de la orquesta Arcaño y sus Maravillas, como casi todas las orquestas de la época. Arcaño dedicaba danzones a las Sociedades Juveniles, pero ninguno decía el nombre de las Sociedades en la estructura musical y esto hacía que los danzones se parecieran muchos unos a otros. A Mondéjar se le ocurre la idea de hacer un tipo de danzón que mencionara el nombre de las Sociedades en el estribillo, pues él era cantante, tan es así que llamándose su orquesta La Triunfal, Mondéjar le adaptó un coro al tema que decía:


Esta es la triunfal,
Que ya terminó,
Y que el domingo,
Ya volverá.

Así se despedían del público cada domingo.
1942. La charanguita La Triunfal logra estabilidad en sus presentaciones alternando, los domingos, bailes en los Jardines de la Tropical y el Club Julio Antonio Mella. Por esto Ninón decide registrar oficialmente la orquesta en la Unión Sindical de Músicos de la Habana, el día 16 de abril de 1942.
1945. Mondéjar, después de una fuerte disputa con Felipe “Felipón” Suárez, que aparecía como director de La Triunfal, pues la Unión Sindical solo autorizaba a ser directores de orquesta a los músicos de atril, reorganiza La Triunfal y la nombra orquesta América, junto a Augusto Barcia; Ermidelio Cardoso; Julio Salas; Ángel Ruiz; Wilfredo Meneses; Felo López y Luis Suárez.
1946. Se da a conocer laorquesta América a través de emisora RHC. A finales de 1946, la Orquesta estaba en la emisora radial 1010 y Ninón busca a Enrique Jorrín, Antonio Sánchez y Félix Reina para que se incorporen con la condición de componer danzones cortos con el estribillo cantado.
1948. Reúne a los presidentes de las Sociedades y Clubes de Recreo para fundar la Federación de Sociedades Juveniles. Plantea la idea de crear un danzón para cada sociedad o club, por esto se conoce a la orquesta América como “Los creadores del danzón cantado”. El 1 de mayo se produce la clausura de la 1010 por ser la voz del Partido Comunista, donde la orquesta América, gratuitamente, tenía programa estelar diario.
1949-1951. La galleta “El Gozo” patrocina a la América en Radio Salas. Este programa del mediodía le permitía a Mondéjar anunciar sus bailes y obsequiar a los oyentes con entradas para los mismos y mensualmente hacer un baile gratis con motivo de cumpleaños o fiesta familiar del oyente premiado. Esto provocó el auge vertiginoso de la orquesta. Para hacerle la competencia a la América se unen las orquestas de “los tres grandes”: Arcaño, Arsenio y Melodías del 40,patrocinados por la Compañía de RonesBacardí; compran el espacio y la orquesta América sale de Radio Salas. No conforme con esto, Ninón Mondéjar comienza en Radio CMW “Cadena Roja”, de alcance nacional.
1952. Comienzan a realizar bailables en la Sociedad Juvenil “Amores de Verano”, de la calle Prado y Neptuno.
1953. El club Oasis, en nombre de las Sociedades Juveniles y Clubes de Cuba, entregan a la orquesta América de Ninón Mondéjar el diploma y estandarte de “Creadores del Danzón Cantado”.
26 de marzo de 1953. La orquesta América graba en La Habana su primer disco sencillo (78 rpm) con la casa discográfica cubana Panart, que incluyen los temas: SilverStar (danzón-mambo), en la cara A y La Engañadora (mambo-rumba), en la cara B, ambos de Jorrín. A solo 12 horas de ser grabado se convierte en super éxito en toda Cuba y en dos semanas logra vender más de 64 000 copias.
Septiembre de 1953. A partir de los éxitos de la orquesta América en Radio Cadena Azul, la discográfica cubana Panart decide grabar aquellos títulos. Después de las primeras grabaciones, Mondéjar le pidió a la Panart que se identificaran como “Cha cha chá” los temas musicales que grabará la orquesta. Los primeros Cha cha chás, registrados en la Sociedad de Autores de Cuba y grabados con ese lema fueron: La verde Palma Real y Yo no camino más, ambos de la autoría de Ninón Mondéjar.
Julio-septiembre de 1954. En la revistaGente de la Semana el periodista Jr. Andrés Castillo, comentaba: “A Ninón Mondéjar le debe toda la juventud bailadora el auge que ha tomado de nuevo el Danzón, ahora en su ritmo Cha cha chá, y se lo agradecen doblemente a la popular orquesta América. Lo más original de esta orquesta es su coro de voces formado por sus propios músicos y que son exclusividad del grupo.”
Se funda la Federación de Clubes Juveniles con la participación de Ninón Mondéjar y los presidentes de Oasis, Fraternidad Estudiantil, Jóvenes del 50, Jóvenes del Bronx, Amores de Verano e Inter Social, para defenderse de restricciones impuestas por el gobierno de turno.
Septiembre de 1954. Ninón Mondéjar, de la orquesta América; Luis Santí, del Conjunto Santí; y Pedro Vila, de la orquesta Riverside fundan la Asociación de Directores de Agrupaciones Musicales (ADAM), presidida por Ninón. El propósito era luchar a favor de esa clase obrera —en coordinación con la Unión Sindical de Músicos y la Vanguardia Autoral Cubana—, contra las injusticias del gobierno de turno y el Sindicato patronal.
1955 al 1958. Ninón Mondéjar y su orquesta América internacionalizan el Cha cha chá en México, participando en doce filmes musicales y realizando giras por la nación azteca, República Dominicana y Estados Unidos. Por su iniciativa se logra el Convenio Sindical entre músicos de México y Cuba. Mondéjar rivalizó con el Mambo, el Merengue y el Rock´n Roll, saliendo airoso; y cuando el Cha cha chá pasó de moda, creó el ritmo Jompy.
Fue merecedor de numerosos triunfos: Trofeo 1953 de la Unión de la Crónica Tele-Radial Diaria; Trofeo 1953 de la Agrupación de la Crónica Radial, Impresa y Televisiva y Disco de Oro. 1954 -1955. Diploma y Show de la Revista Selecciones Musicales y Asociación del Disco, México. Premio en 1956 de la Revista Internacional del Espectáculo y Trofeo “Musa de la Fama” de la Revista Radiolandia. Premio Wurlitzer 1955 de la Cadena Hispanoamericana de Comentaristas de Discos y Trofeo. 1957, reconocimiento a la orquesta América por 3 años de éxitos en México.
Con su iniciativa revolucionaria contribuyó con actuaciones a financiar el movimiento revolucionario cubano 26 de Julio y las causas justas de los artistas en México. En octubre de 1958 la orquesta América regresa a Cuba y se suma al llamado del M-26-7 de no asistencia a bailes y fiestas.
1959. Dirige la primera delegación artística del gobierno revolucionario. El comité cubano pro Festival pide a Ninón Mondéjar reorganizar la orquesta América para participar en el VII Festival Internacional de la Juventud y los Estudiantes en Viena, Austria. Es nombrado director artístico del Instituto Nacional del Turismo.
1973. Se le otorga la Orden Nacional “Raúl Gómez García” por sus más de 30 años en la música.
1974. Por problemas de salud se jubila artísticamente, cediendo su orquesta América a los jóvenes talentos, sin dejar de asesorarlos y apoyarlos siempre.
Anacario Crispiniano Mondéjar Soto, Ninón Mondéjar, era poseedor de la voz cálida y refinada que caracterizó el estilo suave y cadencioso del coro unísono del Cha cha chá, ahí está perpetuado su timbre en todas las grabaciones realizadas, desde su primer coro: “Cha cha chá, Cha cha chá / es un baile sin igual”, en el tema SilverStar, hasta el incluido en la composición de Eduardo Saborit, Lejos de Cuba, durante el Festival de Viena: Cuba que linda es Cuba.
Por el pueblo y para su pueblo vivió orgulloso, aún cuando fuera de Cuba le pertenecían cuantiosas sumas de derechos autorales acumulados por sus trabajos discográficos. Para ilustrar la imagen que guardo del viejo Ninón me remito a aquella tarde del 2004 en que conversando con él, cuando ya tenía 90 años, medio sordo y repetitivo en algunas de sus conversaciones, desde su sillón 2014, debe ser homenajeado por sus aportes a la música cubana ......
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Re: Noticias musicales cubanas .

Notapor Roberto García. » Lun 04 Nov, 2013 3:27 pm

José Miguel Gómez
¡Solo de Bongó!

Cuando llegaron los comunistas en 1959, casi en seguida confiscaron toda la radiodifusión nacional y se creó una única orquesta , la del ICRT (Instituto Cubano de Radio y Televisión). En dicha orquesta trabajaban dos trombonistas de habilidades y personalidades totalmente opuestas: uno era José Miguel Gómez, un mulato altísimo y flaco como un güin, con una voz tan potente como el sonido de su trombón. José Miguel solía asegurar que si se lo proponía, de un trombonazo “Rajaba to’ los cristales de Tropicana”; así era de enorme su sonido, según él.
El otro personaje era Alberto Giral, un hombre también alto, pero mastodóntico, con facciones como de alce, (se parecía un poco a Bullwinkle el cartoon) calvo y blanco, con la palidez de las magnolias. Un poco encorvado, su aspecto recordaba el de algún abogado o notario de pueblo de campo. De maneras suaves y y hablar quedo, Giral tocaba el trombón de pistones con la misma gentileza y timidez con que se conducía en su vida diaria.
José Miguel era un gran lector a primera vista, pero con un sensitivo talón de Aquiles, y aunque no lo confesaba públicamente, sentía un escalofrío de pavor cada vez que encontraba en sus partes escritas algo que dijera: descarga, inspiración libre, Solo ad libintum, o lo que era aún peor, una temible serie de acordes cifrados sobre los que él tuviera que improvisar. Entonces súbitamente tenía que ir al baño, debía llamar de urgencia a su casa, o la vara de su potente trombón se atascaba y se hacía preciso llevar el instrumento a repararlo al taller de reparaciones del gallego Posada.
–¿Que pasó José Miguel?, este trombón no tiene nada malo. ¿O es que ya se te enredó otra vez la vara en otra soga de acordes? ––le decía irónicamente el mecánico.
Por otro lado, su colega Alberto Giral tenía ciertas dificultades para leer música a primera vista, que a veces salvaba con su facilidad para improvisar pasajes que en muchas ocasiones sonaban hasta mejor que lo que había escrito el autor.
Cierta vez, el maestro Adolfo Guzmán estaba dirigiendo la orquesta de la televisión en los estudios de Radio Progreso en la esquina habanera de Infanta y Humboldt, cuando Alberto Giral, durante un solo de trombón que tenía escrito en la introducción de un arreglo vocal, comenzó a tocar algo que, aunque sonaba muy bien, no tenía absolutamente nada que ver con lo que estaba escrito en su parte. La cosa sonaba tan agradable, que el autor de “No Puedo Ser Feliz” se dejó llevar y no se detuvo de inmediato. Pero esto a su vez confundió al vocalista, que no supo donde entrar, ya que no reconocía la melodía de la introducción, con la que estaba familiarizado. Por fin el director cortó la orquesta con intenciones de llamarle la atención al creativo trombonista: ––Muy bien Alberto, muy lindo y todo, pero esas no son las notas que están escritas ahí, ¿verdad?—Dijo Guzmán enarcando las cejas y dejando caer suavemente la batuta sobre el atril. A lo que el músico contestó graciosamente y con su dulzura habitual: ––Ay maestro, perdóneme, pero primero el “filin”… y después las notas, ¿no le parece?.
La ingeniosa respuesta de Alberto hizo reír a todos de buena gana,, incluyendo al cantante y al propio maestro Guzmán, quien anunció unos minutos de receso.
En otra ocasión Roberto García, el bongosero que años después se destacara en el célebre “Buena Vista Social Club”, me contó que grabando con la misma orquesta, sucedía que siempre que llegaban a cierta sección de un determinada pieza instrumental, José Miguel se daba vuelta desde la cuerda de trombones que quedaba delante de los percusionistas y le gritaba: ––¡Ahora, solo de bongó!––, a lo que Roberto invariablemente le respondía que no tenía ningún solo indicado en su parte. ––¡No importa… ahora, solo, solo de bongó!—seguía insistiendo el mulato flaco. Y así llegó la hora del intermedio y Roberto, intrigado por la insistencia de José Miguel en que tocara aquel misterioso solo de bongó que no aparecía en su papel, fue a echar una ojeada a la parte de José Miguel. Cual sería la sorpresa del bongosero al encontrar que en la sección donde este le pedía que soleara, habían escrito un montón de cifrados armónicos y un letrero enorme que decía: “Solo de Trombón”.


Paquito D’Rivera
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Re: Noticias musicales cubanas .

Notapor Roberto García. » Sab 30 Nov, 2013 4:15 am

MÚSICA

Cuando el rock sonó en cubano

CAMILO ERNESTO OLIVERA | La Habana | 26 Nov 2013 - 8:20 am.

Durante los días 5 y 6 de diciembre de 1981 se celebró en la Casa de Cultura del municipio Plaza ubicada en el Vedado capitalino, un evento que marcó un antes y un después. El denominado "Festival invierno caliente" resultó el primero en Cuba donde el rock fue protagonista.
Ese fin de semana pasaron por un pequeño escenario dentro del patio de la institución las bandas Arte Vivo, Sputnik, Los Dan, Los Dada, Géminis, Los Magnéticos, Electra y el Trío de Mayito Romeu.
El programa presentó mayoritariamente a grupos que hacían versiones de temas del repertorio rockero internacional. Esta fue la tónica que definió la escena del rock en la Isla durante décadas: apostar a la reproducción de material foráneo en detrimento de la creación.
En 1983 debutó en la capital una agrupación llamada Venus, que redefinió el rumbo musical de la escena rockera en Cuba. Por primera vez una banda del se interpretó un repertorio completamente propio y en español. Sus integrantes, en un primer período, fueron Roberto Armada, alias, "Skippy", como bajista, Miguel Rodríguez y Julio Rojo en guitarras, Héctor Volta como baterista y Jesús Jardines en la voz. Hasta aproximadamente 1985, contaron con la labor, como letrista, de Humberto Manduley López.
Se ha dicho, y con razón, que el rock comenzó a sonar en cubano a partir de la entrada de Venus a la escena activa. Sin embargo las cosas no fueron tan fáciles para ellos. Pesaban demasiado los años de mimetismo, derivados de la censura que gravitaba sobre este género en los medios de difusión oficiales.
El público buscaba ver interpretada en vivo la música que no se difundía. Esa que alcanzaba a escuchar a través de las emisoras de FM norteamericanas, cuya señal era captada en diversas zonas del país.
El público seguidor del género en Cuba y buena parte de sus cultores estaban aferrados al rock en inglés. Esta situación comenzó a cambiar a partir de 1985, cuando se da a conocer en la Isla el trabajo de agrupaciones españolas como Barón Rojo, Banzai y Ángeles del Infierno.
Para ese momento Venus había logrado un visible reconocimiento por parte del público rockero, no así por las instituciones culturales. Como era de esperarse, las dificultades de diversa índole no faltaron. También los absurdos. En una entrevista, el cantante Dionisio Arce —quien marcó su impronta en la proyección de la banda— recordaba uno de los tantos conciertos que les suspendieron. Este tendría lugar en la localidad de Batabanó, al sur de la capital. Cuando los directivos de cultura del municipio vieron llegar al espacio donde tendría lugar el espectáculo a una verdadera avalancha de público joven, adoptaron la insólita decisión de suspenderlo.
Sin embargo, la mayoría del público rockero capitalino de esos años recuerda a Venus en su peña del Anfiteatro de la Avenida del Puerto. Las gradas desbordadas. Las cámaras del MININT filmando desde edificios cercanos. La policía acordonando el lugar y apostada en los alrededores, lista para reprimir. Los marginales pandilleros de la zona, buscando el choque violento con los "frikis". Los gritos de "¡pelua!", "¡maricones!". La tensión que solo se diluía cuando la banda comenzaba a sonar y centenares de gargantas coreaban temas como Lobos solitarios, Del metal más duro, Los enemigos del mundo o la veloz y heavy metalera Pershing.
Para 1987, la popularidad de Venus alcanzaba ya niveles notables. Sus conciertos se repletaban sin tener ni una sola mención promocional en los medios oficiales de difusión. Después de concluida la edición del Festival Boleros de Oro, correspondiente a ese año, la presión negativa sobre el grupo aumentó.
La edición del mencionado festival detuvo momentáneamente la peña que Venus tenía en el ya mencionado Anfiteatro. Fue notable la diferencia entre el discreto poder de convocatoria del evento y la avalancha de público joven que desbordó el espacio el domingo en que se reanudó la peña. Para las autoridades culturales, un grupo de rock no podía "tener más convocatoria que el bolero". Como resultado de esta lapidaria sentencia, Venus comenzó a sufrir la suspensión, uno tras otro, de sus conciertos. Además le fue prohibida la peña que tanta convocatoria lograba.
La directora de la Casa de Cultura de Centro Habana, lugar donde ensayaban, los eliminó de su programación de actividades y los expulsó. Por último, un oficial del entonces Departamento de Orden Interior (MININT), les comunicó la orden de que se desintegraran como grupo. O se desintegraban o enfrentarían una acusación de las autoridades, bajo las causas denominadas como Peligrosidad Social y Asociación para Delinquir.
En diciembre de 1987, Venus apenas pudo reunirse en casa de su bajista Roberto "Skippy". Un joven estudiante de la escuela de cine de San Antonio de los Baños, el uruguayo Alejandro Bazzano, les filmó allí para un documental que se centraba en los avatares del grupo e incluía entrevistas a sus integrantes. De paso, la agrupación logró grabar en los estudios de la emisora Radio Progreso algunos de los temas que fueron incluidos en ese material audiovisual, titulado Ojo de agua.
En marzo de 1989, Venus regresó a la escena con un accidentado concierto que tuvo lugar en el Anfiteatro de Alamar. Después el grupo continuó, pero cayó en un declive hasta su separación, en 1993.
En la actualidad, el vocalista Dionisio Arce continúa en Cuba, como parte de la banda de metal Zeus. El baterista Héctor Volta, también se mantiene activo de manera esporádica. El bajista Roberto "Skippy" Armada y los guitarristas Miguel Rodríguez y Ulises Seijo residen en los Estados Unidos.
Nadie recuerda los nombres de los funcionarios que intentaron prohibir lo inevitable. La impronta del grupo Venus, forma parte de la historia de la música en Cuba.
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